Ella fue la niña prodigio que a los 14 años de edad, una estatura de cuatro pies y 11 pulgadas y un peso de 86 libras, se convirtió en la primera gimnasta de la historia en alcanzar una puntuación perfecta. Con su hazaña ubicó su nombre en el altar sagrado de los Juegos Olímpicos.
Nadia Comaneci nació el 12 de noviembre de 1961 en Onesti, Rumanía. Se inició en la gimnasia a los seis años de edad, siendo sus entrenadores Bela Karolyi y su esposa Marta, quienes mas tarde desertaron a Estados Unidos.
La primera competencia internacional para Comaneci llegó en 1975, en el campeonato europeo celebrado en Skien, Noruega, donde conquistó tres medallas de oro y una de plata.
Participó en otros torneos que le sirvieron como prueba de fuego para las olimpiadas de 1976, incluyendo la Copa América donde ejecutó el primer salto de una mujer en el doble mortal de espalda.
Llegó la cita de Montreal y la rumana estaba lista para besar la gloria.
¡Y qué gloria!. En seis eventos, Comaneci ganó cinco medallas; tres de oro en general individual, paralelas asimétricas y barra de equilibrio, una de plata en general por equipo y otra de bronce en ejercicio de suelo.
Comaneci defendió con éxito su título europeo en 1977 y 1979. Terminó en cuarto lugar en el Campeonato Mundial de 1978 al sufrir una caída en las barras asimétricas, ganando en la especialidad de barra de equilibrio.
Sumó dos medallas de oro y otras dos de plata en los Juegos Olímpicos de Moscú, en 1980, además de dos de oro y dos de plata en el Campeonato Mundial.
En los torneos de Europa acumuló nueve del metal dorado, dos de plata y una de bronce.
Su última competencia de alto nivel fue el Campeonato Mundial Universitario celebrado en 1981, donde alcanzó cinco preseas de oro.
Nadia se retiró en 1981 en una ceremonia en su honor en la ciudad de Bucarest. Después participó en eventos amistosos en Estados Unidos.
Al hablar de las mejores gimnastas de la historia, podemos mencionar entre otras los nombres de las soviéticas Larisa Latynina y Olga Korbut, la rumana Simona Amanar y la estadounidense Mary Lou Retton. Pero Nadia Comaneci fue una atleta única, genial, incomparable.
Al retornar a su patria, sus movimientos fueron vigilados de manera estricta, y aunque viajó con la delegación de su país a los Juegos de 1984 en Los Angeles, no pudo quedarse por el control que ejercía sobre ella la Seguridad del Estado.
Trabajó en la Federación de Gimnasia de Rumanía entre 1984 y 1989, ayudando como entrenadora al desarrollo de ese deporte entre la juventud.
En el mes de noviembre de 1989, Comaneci desertó con un grupo de atletas rumanas, en una jornada larga de fuga que incluyó estancia en Hungria y Austria, antes de llegar a Estados Unidos, donde se ganó la vida promoviendo líneas de ropa, equipos aeróbicos y vestidos de novia.
Visitó Rumanía después del desplome del sistema comunista y se casó el 27 de abril de 1996 con el gimnasta estadounidense Bart Conner. El 29 de junio del 2001 se hizo ciudadana de Estados Unidos.
Comaneci participa en muchas obras benéficas incluyendo la apertura en Bucarest de una clínica de misericordia para ayudar a los niños huérfanos. Es Presidenta Honorífica del Comité Olímpico Rumano, vicepresidenta del Consejo de Dirección de la Asociación para la Distrofía Muscular y miembro de la Federación Internacional de Gimnasia. También recibió en el 2004 la máxima orden del Comité Olímpico Internacional.
En el 2005 fue elegida entre las grandes atletas de la historia, terminando en cuarto puesto y en el lugar cimero entre las mujeres.
Pertenece al Salón de la Fama de la Gimnasia Mundial y junto a su esposo tiene una academia y edita la revista International Gymnast. La pareja tuvo su primer hijo en el 2006, que se nombra Dylan Paul.
Nombres ilustres adornan la historia de los Juegos Olímpicos. Desde las épocas de Johnny Weismuller, Jesse Owens, Wilma Rudolph y Mark Spitz, hasta llegar a las décadas de ackeline Joyner, Michael Johnson, Carl Lewis y Michael Phelp.
Pero a la hora de mencionar a los más grandes atletas de todos los tiempos, la niña prodigio de la gimnasia también ocupa un lugar especial.
Ella es una leyenda del deporte.



























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