La Asociación Nacional de Escritores Deportivos de Estados Unidos acaba de cometer otra injusticia: le negó al puertorriqueño Roberto Alomar el derecho de ingresar a Cooperstown.
Con esa actitud irrespetuosa hacia uno de los tres mejores intermedistas de la historia, no se puede seguir creyendo que el Templo de los Inmortales sea un lugar donde se preserva la historia, se honre la excelencia y se unan generaciones.
Al menos, con los peloteros hispanos no se cumple con esa ética que reza en las paredes.
Basta decir que desde hace una década no se elige a un latino mediante la votación de la Asociación de Cronistas de Estados Unidos y sólo dos han ingresado en los últimos 20 años.
"Si no lo digo reviento'', comentó el narrador Felo Ramírez. "Con Alomar se ha cometido un error con mayúsculas. Yo no he visto jugar a un mejor segunda base. Aquí le vendaron los ojos a la justicia''.
Debemos decirlo sin temor. El rechazo a Alomar es una de las peores injusticias cometidas desde la apertura del Templo el 12 de junio de 1939.
Pertenecer a Cooperstown es un honor que perfuma el alma de los héroes del béisbol. Y Alomar fue un héroe latinoamericano en la pelota de Grandes Ligas.
Y con esta infamia que acaba de ocurrir, surgen preguntas que ponen en tela de juicio la imagen, el profesionalismo y la integridad de un gran número de periodistas con derecho al voto.
¿Cómo es posible negarle el derecho a un pelotero que actuó en 12 Juegos de Estrellas y que terminó su carrera con promedio de .300, 2,724 imparables, 210 jonrones, 1134 carreras impulsadas, 474 bases robadas y 1508 anotadas.?
¿Cómo rechazar a un fildeador que durante 17 temporadas deleitó a millones de aficionados con sus maravillosas jugadas defensivas y ganó 10 premios Guantes de Oro, el mayor número entre todos los intermedistas?
Al parecer, el incidente de septiembre de 1996 con el árbitro John Hirschbeck por un tercer strike cantado le ha costado al boricua el retraso a su elección. Al menos, es la única justificación en este circo montado en contra de Alomar. Cualquier otra razón, se le puede llamar ignorancia o discriminación.
¿Acaso Cooperstown es un Salón de Santos? Desde Ty Cobb hasta Ted Williams, todos los que tienen sus nombres grabados en ese sitio sagrado, casi sin excepción, cometieron sus pecados dentro y fuera del terreno de juego.
Por culpa de algunos, Alomar tiene que esperar una segunda ocasión para ser elegido.
Con la negativa de Alomar, la Asociación de Cronistas Deportivos de Estados Unidos acaba de grabar otra mancha negra en el mismo corazón de Cooperstown.



























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