Un año que comenzó en medio de expectativas de que nuevos gobernantes en La Habana y Washington mejorarían de alguna manera las relaciones tras 50 años de enemistad, terminó sólo con gestos calibrados por parte de Estados Unidos y algunas respuestas bruscas desde Cuba.
De hecho, tanto Barack Obama como Raúl Castro parecen mantener el tema de los vínculos bilaterales en segundo plano, enfrentados a una difícil situación económica en sus respectivos países y, según los analistas, evitando los riesgos que pudiera crear un acercamiento.
"No ha habido ninguna iniciativa importante de parte de Cuba, ni incentivos estadounidenses para cambiar nada'', dijo Mauricio Font, director del Centro Bildner para Estudios de las Américas de City University, Nueva York.
Obama tomó durante el año varias medidas para cambiar ocho años de agresiva política por parte de la administración de George W. Bush, sobre la base de "un nuevo comienzo con Cuba'' que prometió el pasado abril durante una cumbre de la Organización de Estados Americanos (OEA), en Trinidad y Tobago.
Washington levantó casi todas las restricciones a los viajes entre ambos países y a las remesas enviadas a la isla, y aumentó significativamente el número de visas que Estados Unidos concede a los visitantes cubanos. También se incrementaron los permisos para que los estadounidenses viajen a Cuba, desde clubes de ajedrez hasta equipos de softball.
A solicitud de Estados Unidos, las largamente estancadas conversaciones con Cuba sobre inmigración y el correo directo se reanudaron. A diferencia de Bush, Obama no amenazó con vetar intentos en el Congreso por moderar las tensiones. De hecho, el Congreso facilitó que La Habana pagara las importaciones agrícolas estadounidenses.
Obama también autorizó el envío de paquetes a Cuba con equipos como computadoras, impresoras, sistemas de televisión por satélite y teléfonos móviles celulares y satelitales, cámaras, programas informáticos y unidades portátiles de memoria.
El Departamento de Estado envió un alto funcionario a las conversaciones sobre correo directo, la subsecretaria de Estado Adjunta Bisa Williams. Asimismo, cerró una pantalla electrónica colocada en la fachada de la Sección de Intereses en La Habana que mostraba mensajes frecuentemente críticos contra el gobierno cubano.
En otro gesto, la misión diplomática invitó a artistas y otros intelectuales progubernamentales a un coctel en septiembre, dejando fuera a los disidentes. Los partidarios del gobierno generalmente no asisten a este tipo de actividades cuando saben que los disidentes también han sido invitados.
Pero Obama siguió respaldando a grupos opositores y de la sociedad civil en la isla, se ha opuesto a levantar el embargo hasta que La Habana mejore su historial de derechos humanos y mantuvo a Cuba en la lista de países que practican o patrocinan el terrorismo.
En naciones como Cuba y Nigeria "tenemos que presionar vigorosamente a los dirigentes para que pongan fin a la represión y respaldar a los que se esfuerzan por un cambio desde dentro'', afirmó la secretaria de Estado Hillary Clinton el 14 de diciembre.
Mientras tanto, un proyecto de ley que contempla eliminar todas las restricciones a los viajes turísticos a la isla sigue empantanado en el Congreso. El pasado abril, un veterano analista del Departamento de Estado, Walter Kendall Myers, y su esposa, fueron arrestados bajo cargos de espiar para Cuba. Se declararon culpables el 20 de noviembre.






























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