El 4 de diciembre, Cuba arrestó a un subcontratista del gobierno estadounidenses que distribuía equipos de comunicaciones entre grupos de la sociedad civil, y después lo tildó de espía. Washington negó que el hombre, aún no identificado, sea un agente de inteligencia, pero permanece detenido.
El 20 de diciembre, Castro pronunció su primera crítica dura contra Obama y afirmó que el trabajo del contratista mostraba que Washington seguía comprometido con la subversión'' y que "no dejaban de tratar de destruir la revolución cubana''. Ese mismo día, el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, calificó a Obama de imperial, arrogante, que no escucha y que impone condiciones''.
Las declaraciones de Rodríguez llevaron al general retirado Barry McCaffrey, partidario de permitir viajes ilimitados a Cuba, a cancelar su visita a la isla este mes, diciendo que "este tipo de diplomacia publica estilo 1960, superficial y vitriólica, hace el liderazgo cubano lucir como [. . .] amateurs que no son serios''.
Más reciente, Cuba protestó enérgicamente por su inclusión en una lista de 14 países cuyos viajeros son sometidos a controles adicionales de seguridad en los aeropuertos, después de que un militante islamista intentara detonar explosivos a bordo de un vuelo de Northwest Airlines que se dirigía de Amsterdam a Detroit el día de Navidad.
"Ni Fidel ni Raúl Castro están interesados en hablar de derechos humanos y de democracia, ni en tener gestos hacia Estados Unidos'', aseguró James Cason, ex jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana. "La política estadounidense de agresiva amabilidad no va a ninguna parte''.
Ya se especula que no habrá ninguna medida significativa para mejorar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos hasta después de las elecciones legislativas del 2010 y quizás hasta después del 2012, en caso de que Obama ganara un segundo período y decidiera invertir más capital político en el tema.
Mientras tanto, Obama enfrentará graves problemas, como la debilitada economía, el alto índice de desempleo, la situación en Afganistán e Irak, las reformas de inmigración y el Seguro Social, Corea del Norte e Irán.
Castro también tendrá que enfrentar su propia crisis económica, así como la interferencia de su hermano Fidel Castro, enfermo y oficialmente fuera del poder, pero todavía influyente y casi genéticamente hostil a cualquier mejora en las relaciones con Washington.
"Quizás, cuando Fidel esté completamente fuera del escenario Raúl pueda empezar a mirar hacia el norte'', indicó Andy Gómez, académico de Instituto de Estudios Cubanos y Cubanomericanos de la Universidad de Miami.
Carlos Saladrigas, presidente del Grupo de Estudios Cubanos, declaró que Obama cometería un error si decide posponer otros cambios en la política hacia Cuba hasta que Raúl o Fidel Castro hagan concesiones.
"Washington debe actuar con independencia de la conducta del régimen y pensar en cómo aumentar la capacidad del pueblo cubano para los cambios en el futuro'', aseguró Saladrigas en Miami.
Pero Dan Erickson, analista de asuntos cubanos en Diálogo Interamericano, con sede en Washington, y autor de The Cuba Wars: Fidel Castro, the United States, and the Next Revolution, no prevé que ninguna de las dos partes tomen medidas significativas para mejorar las relaciones.
"Las fuerzas de la continuidad son extremadamente fuertes'', señaló Erikson. "Tanto en Cuba como en Estados Unidos''.






























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