Haití

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La ayuda internacional llega a cuentagotas

 

llopez@elnuevoherald.com

Esos mismos aviones eran utilizados para sacar de Haití a centenares de personas de distintas nacionalidades --colombianos y estadounidenses,franceses, italianos, alemanes y haitianos-- que aguardaban pacientemente al pie de la semiderruida terminal del aeropuerto.

"Nos vamos de aquí porque la situación es ya insostenible. Nos dijeron que les están disparando a los vehículos de los extranjeros'', dijo a El Nuevo Herald Cristina de Pérez, una salvadoreña que esperaba con sus dos hijos para abordar una aeronave enviada por el gobierno de su país.

Uno de los problemas que enfrenta la operación es la distribución de la ayuda entre los aterrorizados habitantes, que no están concentrados en albergues o refugios sino que deambulan por las calles y forman improvisados campamentos en parques y terrenos baldíos del centro de la ciudad.

Algunos cargamentos de víveres y agua comenzaron a ser entregados a lo largo de las avenidas, a través de camiones de distintas agencias de Naciones Unidas, organizaciones humanitarias y del gobierno dominicano.

Sin embargo, la comida no llegaba a todos, lo que provocó conatos de abordaje violento a automóviles que repartían los alimentos.

"Desafortunadamente, crece la furia y la impaciencia de la gente'', dijo David Wimhurst, portavoz de la misión de paz de Naciones Unidas, comandada por Brasil. "Todos nos damos cuenta que la situación se está volviendo más tensa, pues las personas más necesitadas siguen esperando suministros. Pienso que los ánimos se están caldeando''.

El PMA anunció que proporcionará raciones de alimentos listos para comer a un máximo de dos millones de personas.

Desde Washington, las noticias de los saqueos y lo brotes de violencia fueron tomadas con tranquilidad como parte de un fenómeno que a menudo se presenta en estas situaciones.

"En este punto, además de algunos hurgamientos y saqueos menores, tenemos entendido que la situación de la seguridad es bastante buena'', dijo el secretario del Depratamento de Defensa, Robert Gates.

El entorno sigue teniendo tintes dramáticos en la zona céntrica de la ciudad, donde alrededor del 60 por ciento de las edificaciones quedaron convertidas en montones de escombros.

Algunos residentes han asumido de manera espontánea el control de sus barrios y bloquean las calles con neumáticos incendiados o, en una escena surrealista, alineando los cadáveres en las intersecciones para impedir el paso de los vehículos por los empinados y tortuosos callejones de la capital.

Las autoridades esperan que la situación se normalice con la llegada de unos 10,000 soldados a Haití el lunes a bordo del portaaviones USS Vinson y otros buques. De su parte, el gobierno de Brasil anuncio que enviará a Haití un cargamento de armas no letales para controlar eventuales disturbios. Las decisión se adoptó, según explicó el ministro de Defensa brasilero, Nelson Jobim, porque una de las principales preocupaciones es la seguridad interna y posibles desbordes en Haití.

Las autoridades locales dijeron que unos 6,000 presos huyeron de las cárceles de Haití tras el terremoto. Las prisiones quedaron parcialmente destruidas y sin vigilancia.

Mientras tanto, con una sencilla pero conmovedora ceremonia religiosa en plena calle, a un costado de la destruida catedral de Notre Dame, una docena de haitianos despidió el jueves los restos del arzobispo de Puerto Príncipe, monseñor Joseph Serge Miot.

El sacerdote Edouard Jeudy esparció agua bendita sobre el modestísimo ataúd de rústica madera montado en la parte trasera de una camioneta, dirigió las oraciones pronunciadas en créole y dio la orden de partida hacia el cementerio.

Así, sin más pompa y en cuestión de 10 minutos, el máximo jerarca de la Iglesia Católica en Haití recibió sus honras fúnebres. Pero es que no había tiempo para más. Las labores de rescate debían continuar.

Los reporteros de El Nuevo Herald, Gerardo Reyes y de The Miami Herald, Jacqueline Charles, Trenton Daniel, Frances Robles y Daniel Chang, contribuyeron con esta información. El reportaje fue complementado con servicios cablegráficos de El Nuevo Herald.

El Nuevo Herald

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