El papagayo en las manos de Vico, de 3 años, estaba hecho con el plástico de una bolsa negra. Es su único juguete. Los otros niños, semidesnudos y descalzos, querían quitárselo. Los adultos no hacían nada. Tampoco tienen mucho que hacer. No hay trabajos. Sus viviendas no tienen electricidad ni agua. Las escuelas son demasiado caras.
En esta aldea a pocas millas de República Dominicana vive gran parte de la familia Salmito, a quienes cuesta deletrear sus propios nombres. Los techos de sus casas son de zinc, las paredes de ladrillos. Los niños jamás habían visto una cámara digital. Estaban maravillados de ver sus imágenes en una pantalla.
Al otro lado de la frontera, en Duverge, vive la otra parte de la familia. Tienen gallinas en viviendas un poco mejores en un barrio pobre al pie de la montaña llamado El Estanque, porque ahí se encuentra el estanque municipal. La ubicación les sienta bien, porque les llega agua por medio de una manguera. Hay electricidad, pero no tienen cocina.
Los niños llevan zapatillas. Mason, de 5 años, asiste a la escuela pública y se defiende en español. Makenson, un año menor, viste una camiseta de Boston College. Magdala, de 2 años, juega con las llaves de la motocicleta de su papá, Mason Salmito.
"En Duverge uno puede vivir más o menos'', expresó Salmito, haitiano de 32 años. ‘‘En Fond Parisien uno sobrevive sin nada''.
Su historia es similar a la de miles de familias haitianas divididas por una frontera muy porosa. Su testimonio ilustra las marcadas disparidades socioeconómicas entre las dos naciones que comparten esta hermosa isla del Caribe. Del lado este, se siembra el futuro. Del oeste, la incertidumbre y desesperanza, en especial después del terremoto del pasado martes.
Las diferencias se remontan a la época colonial, cuando franceses y españoles se dividieron la isla Hispaniola. Haití fue la primera de las repúblicas latinoamericanas y la primera república negra del mundo. Sin embargo, esa independencia llegó demasiado temprano, tuvo dificultad en conciliar los intereses internos y quedó aislada de los países vecinos, explicó Bridget Wooding, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, organismo internacional de carácter regional, intergubernamental y autónomo. En época reciente, Haití tuvo un gobierno autoritario hasta 1986, cuando terminó la dinastía Duvalier. En Dominicana, en contraste, la dictadura terminó 25 años antes cuando fue asesinado Rafael Leónidas Trujillo. Si a eso se añade una alta densidad poblacional, un terreno más montañoso y menos fértil, el resultado es el país más pobre del hemisferio. "La migración a la República Dominicana es la mejor opción que tienen si no pueden irse a otro lugar más lejano'', afirmó Wooding, quien reside en Santo Domingo. ‘‘Aunque las condiciones aquí no son tan brillantes, por lo menos hay trabajos mal pagados que dejan los dominicanos para irse a Puerto Rico y Estados Unidos''.
En Duverge, donde nos hospedamos a 30 millas de la frontera haitiana, conocí a Salmito, mientras buscaba a alguien bilingüe para que me ayudara a reseñar el lado humano de la tragedia de Haití, visto desde la zona fronteriza, a donde están llegando miles de heridos.
Salmito llegó a Dominicana en la adolescencia buscando mejores condiciones de vida, como todos los inmigrantes. Empezó desde abajo. Hoy no tiene empleo fijo, pero ha logrado construir una casa de madera e hierro sobre un terreno que le pertenece. Su esposa Lala, de 27 años --cuya familia también está dividida por la frontera-- trabaja como criada.





























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