Pronosticar un terremoto fuerte es un tema que cautiva y también divide a los geólogos. Draper explicó que hay un llamado período de retorno, o el momento que transcurre entre un sismo de gran intensidad y su repetición en el mismo lugar. "Este período es un promedio, no puede verse como una regla'', aclaró. "En Puerto Príncipe hacía 200 años que no había una catástrofe de esta magnitud, pero no podemos saber si la próxima está a dos siglos de distancia''. Para el área de Santiago de Cuba, los terremotos de una magnitud superior a 7 grados en la escala Richter de 10 tienden a ocurrir con un intervalo cercano a 80 años. "Pero ello no quiere decir que sea inminente un cataclismo una vez que ese período se cumpla, sino sólo que se hace más probable que sea así'', aclaró Magaz.
"La energía acumulada para un gran evento puede liberarse de golpe, como sucedió el martes en Puerto Príncipe, pero también puede disiparse en un enjambre de terremotos menores que no pasan de ser noticia más allá del ámbito académico''.
Magaz indicó que la última vez que tembló fuerte en Santiago fue en 1932, con un sismo de 7 grados. En 1995 lo hizo en Pilón, con casi esa magnitud, en un área poco poblada del sur de Oriente.
"¿Fue ese el terremoto que se temía ocurriera en Santiago o este aún se está preparando y deberá ocurrir pronto? No lo sabemos'', concluyó Magaz.
En la década de los 80 se estableció que la cuenca de Santiago de Cuba está dividida en un gran número de bloques que se mueven verticalmente a razón de varios milímetros por año, unas veces en ascenso y otras descendiendo, como en una gran coreografía geológica.
"Sin duda esos movimientos oscilatorios en el área de Santiago de Cuba nos revelaron en cifras la extraordinaria movilidad de la cuenca donde se asienta la ciudad'', dijo Hernández. "En Santiago no hay nada tranquilo, todo está en movimiento continuo, y la cuenca es sólo parte de un panorama más amplio y complejo del cual no sabemos todos los detalles con la misma precisión''. Agregó que, en todo caso, hay que notar que el efecto del terremoto de Puerto Príncipe está amplificado por la calidad de la construcción local.
"Si ello sucediera en Santiago de Cuba las consecuencias quizás no serían tan devastadoras'', precisó. "Pero quién sabe, por décadas la infraestructura cubana ha sufrido de un gran deterioro y abandono . . . Ojalá que nunca tengamos la ocasión de despejar nuestras dudas''.




























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