Joey Hernández se rió en la cara de su rival, que estaba a escasos centímetros de él. Ed Paredes sólo le devolvió una mirada amenazadora, con tanta furia que parecía que los ojos se le iban a escapar de sus órbitas para tratar de golpear al rival.
Con apenas un combate entre ambos, la rivalidad entre estos dos jóvenes de asscendencia latina -y nacidos en Estados Unidos-se ha envestido de tanta fama que hasta la cadena nacional ESPN se interesó por ella, a tal punto, que la convirtió en la principal pelea de la velada boxística de este viernes en Davie.
En la jornada también se montarán al cuadrilátero seis pugilistas cubanos, entre ellos, Guillermo Rigondeaux y también se presentará el veterano Glen Johnson contra Yusaf Mack, en lucha que determinará el rival del campeón Tavoris Cloud.
"Nunca antes había interesado a la televisión, y no voy a perder la oportunidad'', sostuvo Hernández, quien reside en Kendall y que en 16 peleas aún no conoce la derrota, pero cuya única refriega en la que no salió airoso fue precisamente ante Paredes, quien vive en Hollywood.
El 8 de agosto del año pasado, y ante una presencia de poco más de 1,000 aficionados, Hernández y Paredes se trenzaron durante 10 emotivos asaltos y cuya conclusión terminó en un polémico armisticio.
"El resultado fue una basura'', expresó Paredes (22-3-1, 14 nocauts) al concluir aquella pelea, y en la que tuvo la oportunidad de exhibir la potencia de sus puños al tumbar en una ocasión a su oponente.
"Cierto, me tumbó, pero no me hizo daño. Me paré, regresé con todo y lo golpeé mucho'', argumentó Hernández.
Ambos boxeadores tienen estilos y maneras diferentes, herramientas ideales para avivar las brasas de cualquier rivalidad. Hernández depende principalmente de la velocidad de sus combinaciones, mientras que la savia de Paredes es la potencia en sus puños. El de Miami-Dade es extrovertido. El de Broward luce más incómodo ante los micrófonos.
No obstante, y aunque ahorra palabras, Paredes no está exento de hacer amenazas.
"A Hernández le gusta hablar mucho. Le llegó la hora de callarse'', enfatizó.



























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