Mark McGwire regresó a la primavera con la misma actitud con la que dio su tímida disculpa por el uso de esteroides: creyendo que unas pocas palabras borrarían su pasado de mentiras.
A mi juicio, McGwire no merecía recibir dicha distinción. No por carecer de conocimientos técnicos de bateo, sino por ser un mal ejemplo para los jugadores que tendrá como discípulos.
McGwire mintió ante el Congreso de Estados Unidos en el 2005 cuando declaró bajo juramento que jamás había consumido sustancias prohibidas, y con su engaño le faltó el respeto a millones de fanáticos del pasatiempo nacional de Estados Unidos, y defraudó a centenares de miles de niños y jóvenes que tenían en su figura a un ídolo nacional.
Sólo un mes después de confesar haber utilizado esteroides y hormona de crecimiento humano a finales de la década del noventa, incluyendo la temporada de 1998 cuando estableció un nuevo récord de jonrones en la pelota de Grandes Ligas, el ex toletero salió al terreno de juego para trabajar con varios peloteros en la jaula de bateo, entre ellos David Freese, Ship Schumaker y Joe Mather.
La actitud de McGwire en el 2005 al negar ante el Congreso haber usado esteroides, para cinco años después echar atrás dichas palabras, lo sitúa como una persona que no está apta para establecer un respeto natural entre los jugadores.
Y aunque McGwire fue aplaudido por un puñado de fanáticos en el estadio Roger Dean y los Cardenales confían en que el ex inicialista se concentre sólo en sus deberes como técnico de bateo, tampoco faltan las personas que cuestionan sus argumentos de que los esteroides le habían ayudado a no lesionarse y que para nada a aumentar su poder.
Además, muchos creen que su disculpa por utilizar sustancias ilegales fue hipócrita y que su presencia no ayuda a la imagen del equipo dirigido por el experimentado Tony La Russa, una novena que tiene reales posibilidades de conquistar el título de la División Central de la Liga Nacional.
McGwire utilizará el número 25 en su uniforme, el mismo que tuvo cuando era jugador de los "Pájaros Rojos'' y que no ha sido usado por ningún otro jugador desde que se retiró después de la temporada del 2001.
Ojalá que su presencia no se convierta en un verdadero circo. Si esto sucede, pudiera afectar la armonía que debe existir en un deporte de conjunto entre peloteros, dirigentes y técnicos.



























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