Editores de tres medios de prensa que tienen o tenían corresponsales en Cuba no quisieron hacer declaraciones para esta historia, y lo mismo hizo Fletcher. The Miami Herald y El Nuevo Herald, quienes durante varios años no han recibido el permiso de Cuba para reportar desde allí, han enviado reporteros a la isla como turistas sin acreditaciones del CPI.
Alberto González, portavoz de la misión diplomática cubana en Washington, dijo que él no había leído los libros de los periodistas españoles, pero les restó importancia, diciendo que formaban parte "de una moda de escribir libros sobre Cuba para hacer dinero. Si ellos escribieran la verdad sobre Cuba, los libros no se publicarían, y por eso ellos tienen que mentir''.
"Ellos no se hubieran quedado tanto tiempo en Cuba si los hubieran perseguido con tanta fuerza'', añadió.
Las regulaciones del CPI le permiten cancelar las acreditaciones de los corresponsales "cuando la persona acreditada lleva a cabo acciones que son impropias o incompatibles con sus. . . obligaciones de trabajo, y cuando se considera que ellos han violado la ética periodística y/o no han mantenido la objetividad''.
González dijo que la fórmula es la misma que la que se usa en muchos países europeos, en especial, España. "Lo único que hemos exigido es que ellos se atengan a la verdad y a la objetividad'', dijo.
No obstante, el gobierno de Castro ha expulsado a muchos corresponsales o se ha negado a renovar sus acreditaciones desde 1959. Los últimos tres casos ocurrieron en el 2007 e incluyeron a Gary Marx, de The Chicago Tribune, quien había permanecido como corresponsal en Cuba desde el 2002.
"Es absolutamente cierto que existe la autocensura en Cuba'', declaró Marx a El Nuevo Herald. "Pero cada corresponsal toma su propia decisión en cuanto a cómo maneja las presiones del gobierno. Yo traté de cubrir la historia sin concesiones lo mejor que pude''.
Marx lo hizo así, y el CPI le notificó a principios del 2007 que tenía 90 días para abandonar el país.
"Ellos me dijeron que mis historias eran demasiado negativas, y que creemos que nos irá mejor con otra persona' '', o sea, otro corresponsal cuyas historias les molestaran menos.
"Claro que la autocensura es algo común en Cuba'', añadió Tracey Eaton, corresponsal de The Dallas Morning News en La Habana entre el 2000 y el 2005.
"Los reporteros hacen concesiones todo el tiempo a cambio de tener acceso. Pero en Cuba la situación es más dramática'', precisó Eaton. "Cuba es un lugar duro de cubrir, un lugar duro para trabajar. Puede hacerse opresivo''.
La Sociedad Interamericana de Prensa reportó en noviembre que el CPI había reforzado su control sobre los corresponsales y había demorado durante meses la renovación de las acreditaciones como un modo de presionar a los extranjeros.
Mientras que el libro de García-Zarza se centra en sus experiencias personales en Cuba, el de Botín brinda una mirada detallada y sin censura a la realidad cubana, desde la pobreza de sus habitantes hasta su caótica economía y los defectos de su sistema de salud y educación.
Botín escribió parte del libro en secreto mientras vivía en La Habana, pero lo terminó después de haber salido de allí porque, según observó: "Nadie puede decir desde dentro de la isla la verdad sobre lo que pasa allí. Los corresponsales sólo pueden aproximarse a la realidad por medio de alusiones y metáforas''.
Cuba, agregó, "no es el mundo feliz que proyectan los medios de prensa''.






























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