Reporteros extranjeros en Cuba revelan presiones

 
 

El actor puertorrique√Īo Benicio del Toro es abordado por la prensa tras recibir el premio Tom√°s Guti√©rrez Alea, el 30 de junio del 2009, en La Habana.
El actor puertorrique√Īo Benicio del Toro es abordado por la prensa tras recibir el premio Tom√°s Guti√©rrez Alea, el 30 de junio del 2009, en La Habana.
AFP/Getty Images

jtamayo@elnuevoherald.com

Una reportera espa√Īola radicada en Cuba por cinco a√Īos escribi√≥ que "es raro el periodista que no suaviza sus reportajes para evitar ser expulsado del pa√≠s''.

Otro corresponsal radicado all√≠ durante cuatro a√Īos escribi√≥: "La autocensura es una pr√°ctica muy com√ļn''. Y tambi√©n: "Nadie en la isla puede escribir la verdad de lo que pasa all√≠. Los corresponsales s√≥lo pueden aproximarse a la realidad''.

Juntos, los libros recientes de Isabel Garc√≠a-Zarza y Vicente Bot√≠n han sacado a la luz p√ļblica una dura realidad que los corresponsales extranjeros en Cuba s√≥lo han admitido previamente en privado: que las fuertes presiones del gobierno los obligan regularmente a andarse con cuidado en cuanto a las historias delicadas.

"El p√ļblico extranjero est√° recibiendo una imagen de Cuba que est√°, por lo menos, minimizada'', afirm√≥ Garc√≠a-Zarza desde Espa√Īa en una entrevista telef√≥nica. "Pero siempre es mejor un 80 o 90 por ciento de la realidad que nada''.

"Por supuesto que mis editores en Espa√Īa estaban perfectamente conscientes de lo que pasaba, pero para ellos era importante mantener un corresponsal en Cuba'', explic√≥ Bot√≠n a El Nuevo Herald en otra llamada telef√≥nica desde Espa√Īa.

Autocensurarse para evitar ser expulsados ha sido siempre com√ļn entre los corresponsales extranjeros radicados en pa√≠ses con gobiernos represivos, desde el Irak de Saddam Hussein hasta la antigua Uni√≥n Sovi√©tica.

Incluso en las democracias, "los corresponsales est√°n conscientes de la presi√≥n para [. . .] que oculten informaci√≥n o la presenten de una manera que no ofenda sin necesidad a las fuentes'', indic√≥ Ed Wasserman, quien ense√Īa Etica Period√≠stica en la Universidad Washington & Lee de Virginia.

Pero, despu√©s de que se le leyeron varios pasajes de los dos libros espa√Īoles, Wasserman dijo que las presiones cubanas parecen haber obligado a los corresponsales a cruzar la l√≠nea de la discreci√≥n razonable.

"Lo que ellos están diciendo en realidad es que el precio de su estancia en Cuba fue su inhabilidad de funcionar como periodistas'', comentó Wasserman. "Ellos se incapacitaron a sí mismos para poder permanecer allí''.

Botín y García-Zarza no están de acuerdo y argumentan que los más o menos 150 corresponsales extranjeros radicados en Cuba escriben y transmiten historias que pueden disgustar al gobierno pero que son demasiado importantes como para poder evitarlas, como por ejemplo la salud de Fidel Castro, la represión contra los disidentes y el caos económico.

Sus libros --el de ella, La Casa de Cristal, y el de √©l Los Funerales de Castro, ambos publicados en Espa√Īa a fines del a√Īo pasado-- brindan ejemplos de c√≥mo escribieron historias delicadas a pesar de los esfuerzos del gobierno cubano por controlar su trabajo.

Mientras escribía una historia sobre los disidentes, "no puedo abandonar cierta angustia, e incluso considero la posibilidad de abandonar la historia [. . .] pero luego decido que no puedo permitirles que me intimiden'', escribió García-Zarza, quien trabajó en Cuba para la agencia de noticias Reuters entre 1999 y el 2004.

Cuando funcionarios cubanos ordenaron a todos los corresponsales en La Habana que no reportaran "ni una palabra'' luego de que Castro se desmayara durante un discurso en el 2001, ellos reportaron el evento de todas maneras, escribió ella.

Pero en muchos de sus comentarios sobre su trabajo como corresponsales admitieron que también se plegaron a menudo a las presiones del gobierno cubano y su Centro de Prensa Internacional (CPI), el cual entrega las acreditaciones que estrictamente se requieren para trabajar allí como periodistas.

El CPI entrega adem√°s los papeles necesarios para que los corresponsales puedan adquirir art√≠culos necesarios, tales como equipos de aire acondicionado, se√Īal√≥ Garc√≠a-Zarza, "y, por supuesto [. . .] no puedo evitar pensar en eso''.

Los corresponsales creen firmemente que los agentes de Seguridad del Estado espían todo el tiempo sus teléfonos, casas y automóviles, y que los siguen a menudo.

"A veces la vigilancia policial es deliberadamente indiscreta, para intimidar'', escribi√≥ Bot√≠n, quien fue corresponsal de Televisi√≥n Espa√Īola en Cuba entre el 2005 y el 2008.

Bot√≠n a√Īadi√≥ que los agentes de la Seguridad tambi√©n vigilan "las ideas pol√≠ticas, las preferencias y sobre todo las debilidades, como drogas, sexo, alcohol y juego'' de los corresponsales.

El sistema de presiones "funciona a la perfección. Uno se convierte en su propio censor'', escribió García-Zarza.

Cuando Castro volvi√≥ a desmayarse durante el funeral de un simpatizante del gobierno el 16 de febrero del 2006, "nadie report√≥ nada'' debido a "las recomendaciones de la Seguridad del Estado'', seg√ļn Bot√≠n.

"La espada de Damocles cuelga de un delgado hilo sobre las cabezas de los corresponsales acreditados en la isla, y la más leve brisa puede hacerla caer'', escribió.

Garc√≠a-Zarza se√Īal√≥ que su primer encontronazo con el CPI ocurri√≥ despu√©s de que ella escribiera sobre la prohibici√≥n del gobierno de que los cubanos entraran a los hoteles tur√≠sticos. Una funcionaria del CPI la hizo venir al centro, y "como era la primera vez [. . .] ella jug√≥ el papel de la hermana mayor que trata de abrir los ojos a su alocada hermana menor, quien no ha entendido todav√≠a las dificultades que enfrenta la isla''.

Pero luego de que una segunda historia fuera considerada demasiado crítica, la misma funcionaria la llamó por teléfono "gritándome cómo podía yo haberle hecho eso, que ella me lo había advertido, y que yo sabía muy bien que esto iba a traer consecuencias'', escribió. "Yo me eché a llorar desconsolada''.

Una queja posterior del CPI fue enviada por correo electrónico al supervisor de García-Zarza en La Habana, diciendo: "Cuando ella ha llegado a este extremo, debería preguntarse a sí misma si es que ya ha agotado su utilidad en su puesto''.

Garc√≠a-Zarza permaneci√≥ en Cuba hasta el final acordado de su misi√≥n, pero un corresponsal brit√°nico de Reuters en La Habana, Pascal Fletcher, fue obligado a irse en el 2001 despu√©s de que Castro atacara p√ļblicamente sus reportajes y el CPI dej√≥ saber que no renovar√≠a sus credenciales de prensa.

"Supongo que no hab√≠a alternativa, pero me duele mucho'' que Reuters aceptara enviar a Fletcher a otra parte, agreg√≥ ella. "Al final lo importante es mantener la puerta abierta. Despu√©s de tantos a√Īos, nosotros [Reuters] no podemos arriesgarnos a que nos expulsen ahora. . . No puedo decir que estoy orgullosa de c√≥mo manejamos esta situaci√≥n''.

M√°s adelante en el libro, bas√°ndose en un diario que ella llevaba, escribi√≥: "Han pasado un par de meses desde el [caso Fletcher], s√≥lo cubriendo lo absolutamente necesario, teniendo el mayor cuidado con cada historia. Todos tenemos el miedo metido en los huesos. Hasta el punto en que, cada vez que escribimos algo, nos preguntamos unos a otros si ¬Ďles va a gustar a ellos' ''.

Unos 150 medios de prensa extranjera están acreditados actualmente por el CPI, desde CNN y la Associated Press, con sede en Estados Unidos, hasta periódicos y cadenas de Europa, Asia y América Latina.

Editores de tres medios de prensa que tienen o ten√≠an corresponsales en Cuba no quisieron hacer declaraciones para esta historia, y lo mismo hizo Fletcher. The Miami Herald y El Nuevo Herald, quienes durante varios a√Īos no han recibido el permiso de Cuba para reportar desde all√≠, han enviado reporteros a la isla como turistas sin acreditaciones del CPI.

Alberto Gonz√°lez, portavoz de la misi√≥n diplom√°tica cubana en Washington, dijo que √©l no hab√≠a le√≠do los libros de los periodistas espa√Īoles, pero les rest√≥ importancia, diciendo que formaban parte "de una moda de escribir libros sobre Cuba para hacer dinero. Si ellos escribieran la verdad sobre Cuba, los libros no se publicar√≠an, y por eso ellos tienen que mentir''.

"Ellos no se hubieran quedado tanto tiempo en Cuba si los hubieran perseguido con tanta fuerza'', a√Īadi√≥.

Las regulaciones del CPI le permiten cancelar las acreditaciones de los corresponsales "cuando la persona acreditada lleva a cabo acciones que son impropias o incompatibles con sus. . . obligaciones de trabajo, y cuando se considera que ellos han violado la ética periodística y/o no han mantenido la objetividad''.

Gonz√°lez dijo que la f√≥rmula es la misma que la que se usa en muchos pa√≠ses europeos, en especial, Espa√Īa. "Lo √ļnico que hemos exigido es que ellos se atengan a la verdad y a la objetividad'', dijo.

No obstante, el gobierno de Castro ha expulsado a muchos corresponsales o se ha negado a renovar sus acreditaciones desde 1959. Los √ļltimos tres casos ocurrieron en el 2007 e incluyeron a Gary Marx, de The Chicago Tribune, quien hab√≠a permanecido como corresponsal en Cuba desde el 2002.

"Es absolutamente cierto que existe la autocensura en Cuba'', declaró Marx a El Nuevo Herald. "Pero cada corresponsal toma su propia decisión en cuanto a cómo maneja las presiones del gobierno. Yo traté de cubrir la historia sin concesiones lo mejor que pude''.

Marx lo hizo así, y el CPI le notificó a principios del 2007 que tenía 90 días para abandonar el país.

"Ellos me dijeron que mis historias eran demasiado negativas, y que ¬Ďcreemos que nos ir√° mejor con otra persona' '', o sea, otro corresponsal cuyas historias les molestaran menos.

"Claro que la autocensura es algo com√ļn en Cuba'', a√Īadi√≥ Tracey Eaton, corresponsal de The Dallas Morning News en La Habana entre el 2000 y el 2005.

"Los reporteros hacen concesiones todo el tiempo a cambio de tener acceso. Pero en Cuba la situación es más dramática'', precisó Eaton. "Cuba es un lugar duro de cubrir, un lugar duro para trabajar. Puede hacerse opresivo''.

La Sociedad Interamericana de Prensa reportó en noviembre que el CPI había reforzado su control sobre los corresponsales y había demorado durante meses la renovación de las acreditaciones como un modo de presionar a los extranjeros.

Mientras que el libro de García-Zarza se centra en sus experiencias personales en Cuba, el de Botín brinda una mirada detallada y sin censura a la realidad cubana, desde la pobreza de sus habitantes hasta su caótica economía y los defectos de su sistema de salud y educación.

Bot√≠n escribi√≥ parte del libro en secreto mientras viv√≠a en La Habana, pero lo termin√≥ despu√©s de haber salido de all√≠ porque, seg√ļn observ√≥: "Nadie puede decir desde dentro de la isla la verdad sobre lo que pasa all√≠. Los corresponsales s√≥lo pueden aproximarse a la realidad por medio de alusiones y met√°foras''.

Cuba, agregó, "no es el mundo feliz que proyectan los medios de prensa''.

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