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Muere el preso político cubano Orlando Zapata

 

jtamayo@elnuevoherald.com

Ortiz Molina declaró que la familia tiene pensado llevar el cadáver de Zapata a su pueblo natal de Banes, en la provincia oriental de Holguín, posiblemente utilizando el relevo de carros fúnebres de una ciudad a otra, algo común para los cubanos que fallecen lejos de sus lugares de origen.

Durante los últimos tiempos Zapata estuvo detenido en la prisión de Kilo 7, donde los guardias lo golpearon al menos en tres ocasiones días antes de iniciar la huelga de hambre, dijo su madre, y tenía la espalda "marcada por los golpes'' cuando fue trasladado el 17 de febrero al hospital Amalia Simoni en Camagüey.

Cuando llegó al hospital era sólo "piel y huesos, y su estómago era un hueco'', relató su madre en aquel momento. Había perdido tanto peso que las enfermeras tuvieron que ponerle los sueros en las venas del cuello.

Aunque su salud empeoró, Zapata siguió negándose a ingerir alimentos y la semana pasada fue llevado en una ambulancia fuertemente custodiada al pequeño hospital de la prisión Combinado del Este en La Habana, expresó su madre.

Ortiz Molina y Reina Tamayo afirmaron que su hijo después fue transferido al Hospital Hermanos Ameijeiras, considerado uno de los mejores de todo el país, en un intento de última hora por aparentar que el gobierno había tratado de salvarle la vida.

Zapata llegó allí "en estado grave'' y un alto oficial de la Seguridad del Estado a cargo de su caso le dijo a la madre el martes por la mañana que Zapata "podría morir en cualquier momento'', indicó Ortiz Molina.

"La poca vida que podía tener se le estaba acabando'', subrayó el padrastro.

Reina Tamayo, desafiante, aseguró que quería decirle al mundo "que lo que pasó con mi hijo fue un asesinato'' porque fue "golpeado y torturado'' cuando estaba en la prisión de Kilo 7.

Después que comenzó la huelga de hambre, añadió la madre, un oficial de la Seguridad del Estado que identificó como "el mayor Roilán'' y otro agente del gobierno se negaron a darle agua durante 18 días, en un intento inútil de obligarlo a que abandonara la huelga de hambre.

Tamayo declaró que planeaba celebrar un velorio para su hijo en su casa de Holguín "y siempre llevarlo cerca de nosotros, hasta los momentos finales''.

El Nuevo Herald

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