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CAMILO PASCUAL

Una gloria cubana respira béisbol para vivir

 
 

EN SUS años de gloria, con la franela de los Senadores de Washington, cuando Camilo Pascual dictaba cátedra en las Grandes Ligas.
EN SUS años de gloria, con la franela de los Senadores de Washington, cuando Camilo Pascual dictaba cátedra en las Grandes Ligas.
ARCHIVO / El Nuevo Herald

rtrodriguez@herald.com

Treinta y nueve años después de su retiro, Camilo Pascual mantiene la misma emoción al hablar de béisbol que cuando su aterradora curva imponía respeto en las Grandes Ligas.

Atlético, jovial y con una memoria de largo aliento, Pascual sostiene una singular ventaja en su carrera contra el tiempo y su rostro no dibuja 76 años de existencia.

"Siempre fui un hombre muy activo en mi carrera como pelotero y esa cualidad me sigue acompañando el resto de mis días’’, aseguró el insigne ex lanzador el pasado domingo cuando recibió un premio especial, en la octava edición del Salón de la Fama del Deporte Cubano.

Considerado uno de los mejores pitchers latinos que han pasado por los montículos de las Mayores, Camilo acudió al evento en Miami por primera vez, pues su trabajo como cazatalentos de los Dodgers de Los Angeles en Venezuela le impidió asistir con anterioridad.

"Es algo grandioso que te den un homenaje como éste y saber que tus compatriotas reconocen tu labor como deportista’’, expresó emocionado Pascual, quien se estrenó en la pelota cubana a los 18 años con los Tigres de Marianao en 1952 y formó parte también de la plantilla de Cienfuegos.

Poseedor de una recta confiable, un buen control y una de las tres curvas más ponderadas en la pelota de las Grandes Ligas (Sandy Koufax y Bert Blyleven se acreditan las otras dos), el ex serpentinero antillano debutó en 1954 y acumuló una foja de 174-70 con 3.63 de efectividad y 2,167 ponches en 18 campañas en las Mayores, a pesar de militar las primeras siete temporadas con los Senadores de Washington, el peor equipo en ese momento en el circuito estadounidense.

Y aunque acumuló dos temporadas con más de 20 juegos ganados, se llevó tres veces consecutivas el premio por ponches propinados (1961-1963) y fue seleccionado en cinco ocasiones para el Juego de las Estrellas, los números de Pascual no convencieron a los especialistas en Cooperstown y su nombre no aparece en el recinto de los inmortales.

"Yo no estoy triste por eso porque toda mi vida jugué por amor a la pelota. Antes, muchos peloteros con estadísticas similares a las mías eran exaltados, pero eso cambió después y las decisiones para ingresar nuevos miembros fueron muy rigurosas'', señaló el ex lanzador oriundo de La Habana.

Pero Pascual no guarda resentimiento por nada ni nadie porque es un hombre que respira béisbol para vivir y acepta sin reparos un último examen de su carrera.

--¿Con qué equipo te quedas para siempre?

--Con Cienfuegos. Es la novena con la que mejor me he sentido.

--¿A quién te costaba más trabajo dominar en Grandes Ligas?

--Increíblemente a un segunda base de los Tigres de Detroit que se llamaba Dick McAuliffe. Promedió .247 de por vida, pero siempre me bateaba bien.

--¿Un pitcher que hu- bieras pagado por ver?

--Randy Johnson. Era algo extraordinario.

--¿Tu mejor lanzamiento?

--Muchos creen que era mi curva, pero yo me sentía más seguro con la recta.

--¿Qué lugar ocupa Cuba en tu corazón?

--Un sitio muy especial. Nunca he vuelto, pero me encantaría sentarme aunque sea un ratico en las gradas del Estadio del Cerro. Es un sueño que me gustaría cumplir.

El Nuevo Herald

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