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En América Latina ahora se casan ellas

 

MEXICO

Lol Kin Castañeda y Judith Vázquez serán este jueves las primeras mujeres en darse el 'sí quiero' en América Latina tras la legalización del matrimonio homosexual en Ciudad de México, un logro fruto de años de activismo pero que las tomó desprevenidas para los preparativos.

"No tenemos nada listo más que lo que nos vamos a poner'', explicaron las novias en una entrevista con la AFP el miércoles en su vivienda.

Mientras muestran los trajes de color marfil y estilo clásico que lucirán -confeccionados y regalados por un diseñador mexicano- advierten que sólo han contado con una semana para unos preparativos que suelen llevar meses.

Apenas el pasado jueves se anotaron en el registro civil de Ciudad de México, al entrar en vigor la primera ley que permite el matrimonio homosexual en la región, y horas después les confirmaban que iban a ser la primera de cinco parejas en pasar ante el juez en la alcaldía.

Será el primer matrimonio homosexual en México y el primero entre dos mujeres en toda la región ya que los dos que se han podido celebrar en Argentina mediante amparos judiciales fueron de hombres.

"Es un compromiso enorme. Yo más que preocupada por la recepción, lo estoy por tener un buen discurso. Mi compromiso implica no hablar de mí sino de una realidad, poner en términos políticos una situación de derechos históricamente negados'', explicó Lol Kin, de 33 años.

Cuando se conocieron hace nueve años, Lol Kin ya tenía una trayectoria de lucha social y Judith no hacía mucho que había dado un giro radical a su vida al abandonar su proyecto de ser monja.

"Me encontré con la contradicción de que soy lesbiana y por congruencia decidí abandonar la postulación a monja. No fue nada fácil, tienes que romper con un montón de ataduras. Pero fue morir y resucitar a esta vida de libertad'', asegura.

Su elección conllevó el distanciamiento de sus padres. "Hasta hoy, a mis 45 años, me ven como la hija soltera que no tiene hijos y no son capaces de respetar ni a mi pareja ni nuestra vida'', lamenta.

Aún así, ambas reconocen que esta ley sólo ha podido ser posible por la tradición progresista de la Ciudad de México, donde en los últimos 13 años de gobiernos de izquierda se ha aprobado la despenalización del aborto, el divorcio exprés -para el cual solo es necesario el consentimiento de uno de los cónyuges- y las sociedades de convivencia, que ya otorgaban algunos derechos a las parejas del mismo sexo.

Siempre agarradas de la mano, las primeras mujeres que se podrán casar en América Latina admiten que jamás se habían planteado ese compromiso hasta poco antes de aprobarse la ley en diciembre pasado, cuando decidieron dar un paso al frente.

"Entonces nos sentamos unos 30 activistas y se preguntó que quién se iba a casar. Nadie respondió'', revela Judith.

Ellas se ofrecieron, pero por motivos que poco tienen que ver con el simbolismo tradicional de una boda.

"El matrimonio no transforma nuestra relación ni cambia nuestro amor ni consolida nada. Sólo otorga derechos que se nos había negado y que para nosotras es muy importante garantizar'', afirma Lol Kin.

Entre ellos, citan el reconocimiento de la Seguridad Social compartida, de la herencia y la tutela compartida de hijos.

Acordaron que en su boda no habría mitos y que todo debía guardar un mensaje así que no hubo pedido de mano -''aquí las decisiones las tomamos en pareja''- y es posible que tampoco haya alianzas -''el anillo significa que ya tienes dueño''.

A tal punto llega su pugna contra los estereotipos que Lol Kin propuso casarse con un huipil (blusa indígena) especial y botas "de combate''. "Suerte que entre todas la hicimos cambiar de opinión'', dice aliviada Judith.

Porque en una boda, hasta en una con tanto cariz político, siempre hay espacio para la coquetería.

"Queremos vernos lindas'', reconoce Judith'', "por nosotras y por muchas lesbianas de América Latina que anhelan vivir un día así'.

El Nuevo Herald

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