30 años del Mariel

El Mariel cambió la historia de Miami

 

achardy@elnuevoherald.com

"Nos reuníamos periódicamente para evaluar la situación y las necesidades'', explicó Stierheim.

Funcionarios locales recibieron apoyo sustancial de los exiliados cubanos, principalmente jóvenes cubanoamericanos ansiosos de dar la bienvenida a quienes venían de donde ellos mismos habían escapado años atrás.

Entre los jóvenes voluntarios estaba Rodríguez, una estudiante de Sociología en la Universidad de Miami que luego se convirtió en funcionaria de alta jerarquía del Departamento de Estado durante la administración del presidente Bill Clinton.

Rodríguez trabajó en los principales lugares de procesamiento de refugiados como el Aeropuerto de Opa-Locka y el Centro de Detención de Krome.

Sentía simpatía por los recién llegados. Había salido de Cuba con una hermana y un hermano bajo el programa Pedro Pan que trajo 14,048 niños a Estados Unidos a principios de la década de 1960.

También tenía esperanzas de ver entre los refugiados a su madre, que se había quedado en la isla. Esto nunca ocurrió. Su madre murió en Cuba el año pasado.

En Opa-Locka la conmovió entrevistar a una familia que traía un niño. De pronto el niño estornudó.

"Le dije: ‘Jesús'. Y el niño se viró y me dice: ‘Yo no soy Jesús, soy Carlos' '', Rodríguez recordó. "Entonces la mamá le recordó al niño que cuando aún estaban en Cuba se hincaban y rezaban en la noche y que [entonces] no debía hablar en público sobre eso. Eso se me quedó porque ilustraba la opresión y el temor que la gente en Cuba sufría bajo el régimen''.

Después de Opa-Locka, Rodríguez fue a trabajar en una clínica del Servicio de Salud Pública para los refugiados en Krome, donde llegó a ser la directora.

Krome era una desahuciada base de cohetes reabierta como centro de detención y procesamiento durante el Mariel. Su jefe fue Siro del Castillo, que trabajaba para el Departamento de Estado y la Agencia Federal de Control de Emergencias (FEMA).

"Después de 30 años, el legado del Mariel está en todas partes en la comunidad cubana en Estados Unidos, en todos los renglones: económicos, culturales, sociales'', aseguró Del Castillo. "Además, hoy no hay más referencias a los ‘marielitos' como una clase diferente y distinta de refugiados cubanos. Hoy, están asimilados a la sociedad, como todos los inmigrantes del pasado. Son doctores, ingenieros, enfermeras, maestros, integrados totalmente''.

Cuando los refugiados llegaban de día y de noche, se hizo evidente que se necesitaba un lugar gigantesco para albergarlos. El 2 de mayo se abrió el estadio Orange Bowl como refugio temporal.

Los refugiados eran traídos en autobuses desde Cayo Hueso. De ahí eran llevados a Opa-Locka. Una vez procesados, eran entregados a sus familiares.

Para entonces era claro que el éxodo era imparable, y que iba a continuar por semanas o meses. No fue hasta el 26 de septiembre que concluyó oficialmente cuando las autoridades cubanas ordenaron regresar a los capitanes de barcos en el Mariel.

Al cierre del Orange Bowl el 10 de agosto, muchos de los refugiados fueron trasladados a la Ciudad de las Carpas debajo de la I-95, abierta desde el 29 de julio.

Odio dijo que las carpas fueron parte de una estrategia deliberada para enviar un mensaje a la nación de que Miami necesitaba ayuda con el éxodo.

"Lo hicimos para llamar la atención sobre el problema'', comentó.

Con el tiempo, los refugiados sin familia ni patrocinador fueron enviados a otros lugares, incluido Krome, así como a bases militares y prisiones en otras partes del país.

Mariel fue una experiencia traumática para el sur de la Florida, subrayó Odio, pero ayudó a preparar a la comunidad para crisis futuras como el éxodo de los balseros en 1994.

Después de todo, según Odio y otros ex funcionarios, Miami y el Condado de Miami-Dade se beneficiaron del Mariel porque la mayoría de los refugiados se convirtieron en exitosos ciudadanos.

"Mariel fue muy malo al principio, pero muy bueno al final'', concluyó Ferré. "La mayoría de estas personas eran honestas, decentes y trabajadoras [...] que ahora son doctores, banqueros, empresarios y que realmente ennoblecieron a la comunidad''.

Más de 30 años del Mariel

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El Nuevo Herald

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