Napoleón Vilaboa insiste en que la idea del puente marÃtimo del Mariel fue suya y no de Fidel Castro; que nunca ha sido un agente de la inteligencia cubana y que conspiró con el difunto general Arnaldo Ochoa y otros altos funcionarios para derrocar al gobierno.
Pero ésa es sólo una versión de la turbia y cambiante historia del veterano de BahÃa de Cochinos, quien desempeñó un papel destacado en el éxodo que trajo a 125,000 cubanos a la libertad y reunió a decenas de miles de familias.
Hoy, este jubilado de 73 años, que lleva una banderita cubana en la solapa y tiene claros recuerdos de eventos de hace 60 años, está orgulloso de su estatus como "El Padre del Mariel''.
"Cumplà con mi deber. Mi deber era sacar a esa gente de Cuba'', indicó la semana pasada Vilaboa a El Nuevo Herald durante una larga entrevista.
Reconoció, sin embargo, que su papel en el Mariel también le trajo graves problemas, incluyendo los nueve años, tras el puente marÃtimo, en los que tuvo que mantener un bajo perfil, temeroso por su vida.
"El más perjudicado por esto fui yo'', aseguró. "Ambas partes me han difamado''.
Vilaboa cayó bajo sospecha de ser un "colaborador'' de La Habana mucho antes del Mariel, dijo Sergio Piñón, quien era entonces un investigador del Departamento de PolicÃa de la Florida, y que tenÃa un espÃa dentro de una de las compañÃas de Miami que hacÃan vuelos fletados hacia Cuba.
Desde 1978, Vilaboa, que trabajaba como vendedor de automóviles, habÃa sido un destacado miembro de un polémico grupo de exiliados (conocido como el Comité de los 75), que negociaba con el gobierno de Castro la liberación de unos 3,600 presos polÃticos, asà como el regreso de exilados en visitas familiares por primera vez desde 1959.
"Aún antes del Mariel, mi gente me dijo que Napoleón estaba organizando otro Camarioca'', recordó Piñón, al referirse a la operación de 1965 que trajo 5,000 cubanos a Estados Unidos.
El 8 de marzo de 1980 (un mes antes de que más de 10,000 cubanos entraran en la embajada del Perú en el incidente que provocó el Mariel), el mismo Castro habÃa advertido públicamente que podrÃa lanzar "otro Camarioca'' si Washington seguÃa rehusándose a sancionar a los cubanos que estaban secuestrando aviones y barcos hacia la Florida.
Piñón recordó que le advirtió a los funcionarios federales y estatales que se aproximaba otro éxodo masivo.
"Pero nadie me creÃa'', comentó. "Todo el mundo pensaba que estaba loco''.
Vilaboa niega rotundamente haber sido un agente cubano y agregó que sólo empezó a pensar en una salida masiva por mar cuando estuvo en La Habana a principios de abril de 1980, para una ronda de las conversaciones entre el gobierno y los exiliados.
Lo llamaron a una reunión con un viejo amigo, René RodrÃguez, un representante cubano en las negociaciones con el exilio y miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Vilaboa habÃa liberado a RodrÃguez tras haber sido capturado en los primeros dÃas de la invasión de BahÃa de Cochinos. Luego, Vilaboa y más de 1,000 miembros de la Brigada 2506 fueron apresados y liberados en 1962.
"René dijo: ‘¿Qué piensas que se puede hacer?' '' con los 10,000 cubanos en la embajada peruana'', recordó Vilaboa. "¿Puede exhortarse a los cubanos [en el sur de la Florida a que vengan y los recojan?"
Vilaboa dijo que respondió que dudaba que los exiliados recogieran a los cubanos en la embajada, pero que sà participarÃan en un éxodo si pudieran recoger también a sus propios familiares: un refugiado por cada familiar.





























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