El 21 de abril de 1980, cuando los barcos camaroneros Dos Hermanos y Blanchie III regresaron de la BahÃa de Mariel a muelles de la zona con unos 55 refugiados cubanos, en su mayorÃa bien vestidos, el municipio de Cayo Hueso no tenÃa idea de que se convertirÃa en el centro nervioso de un éxodo masivo.
Durante los cinco meses siguientes, hace 30 años, la comunidad cubana se puso al nivel de los acontecimientos y ayudó a unos 125,000 cubanos --que en su mayorÃa buscaban libertad, pero a quienes acompañaron delincuentes, enfermos mentales e incluso un cientÃfico con conocimiento de armas biológicas-- que llegaron a sus costas durante la llamada Flotilla de la Libertad, que terminó llamándose el Puente del Mariel.
En ningún otro momento en la historia del sur de la Florida tantos refugiados han llegado en tan poco tiempo.
Para los que vivÃan en la ciudad más meridional del territorio continental de Estados Unidos, la huida caótica del régimen comunista de Fidel Castro a través del peligroso Estrecho de la Florida resultó en dinero fácil para algunos y devastación económica para muchos.
El éxodo significó la incautación de embarcaciones, la llegada de la Guardia Nacional y la prensa nacional, asà como entierro en el Cementerio de Cayo Hueso.
"Eran embarcaciones pequeñas en una mar picada. Fuimos testigos de esfuerzos heroicos y también tragedias'', dijo Wendy Tucker, entonces una reportera de 38 años que cubrió el éxodo para el Key West Citizen y servicios nacionales de noticias.
Tucker también recordó que fue testigo de lo mejor que puede ofrecer en una comunidad que ya batallaba en medio de tiempos económicos difÃciles. Asà las cosas, la población le abrió los brazos a los cansados refugiados, ofreciéndoles compasión y comida, ropa, asistencia médica y ataúdes.
"Todo fue muy rápido y en grande'', dijo Tucker.
Un hombre que de inmediato se dio cuenta de la enormidad de la situación fue el exiliado cubano Arturo Cobo, veterano de BahÃa de Cochinos, que tenÃa una empresa de camiones blindados en Cayo Hueso y mantenÃa lazos estrechos con muchos en su natal Cuba.
En una entrevista reciente, Cobo dijo que al principio de la flotilla advirtió a la policÃa local y a funcionarios federales destacados en la zona: "Castro va a tratar de desestabilizar la Florida. Esto va a crear un gran problema para Cayo Hueso''.
El segundo dÃa de la flotilla, el camaronero El Mar llegó con 35 refugiados. Pero el tercer dÃa, Cayo Hueso quedó abrumada con la llegada de 696 hombres, mujeres y niños, mareados pero contentos, de los cuales 202 venÃan en el camaronero Big Baby, de 67 pies de eslora y casco de madera.
Cobo y Art Espinola, el director de la Cámara Hispana de Comercio de Cayo Hueso, comenzaron a organizar a civiles voluntarios para hacer frente a la situación.
Cuando se supo que Castro estaba permitiendo que la gente huyera de la isla, Cayo Hueso, la ciudad estadounidense más cercana a Mariel, a 110 millas de distancia, se convirtió en el centro de operaciones de los que querÃan traer a sus familias.
"Recuerdo que mucha gente vino de Miami con muchos billetes de $100'', dijo Chris Robinson, que tenÃa una tienda de artÃculos de cuero en el centro de Cayo Hueso en esa época. "Creo que los capitanes cobraban $1,000 por persona. La gente de Miami les daba los nombres de los familiares que tenÃan que recoger [en Cuba]''.



























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