Cobo afirmó que querÃa que el éxodo terminara cuando llegó un barco lleno de delincuentes tatuados de la misma prisión habanera donde él fue preso polÃtico.
Agrega que también descubrió por casualidad que un refugiado, Armando Romero Rivas, fue capacitado en la Unión Soviética en guerra quÃmica y biológica. Romero fue retenido en Cayo Hueso hasta el dÃa siguiente, cuando el FBI fue a buscarlo.
Según el libro de Cobo, el Lisa Hope fue la última embarcación en llegar a Cayo Hueso durante el éxodo, el 9 de septiembre a las 6 p.m., con 52 refugiados.
Durante el éxodo algunos negocios de Cayo Hueso salieron ganando. El bar Green Parrot, en esa época favorito de los hippies, se convirtió en el lugar preferido de los cubanoamericanos que esperaban la llegada de sus familiares. El restaurante Kangaroo's Pouch en Garrison Bight alimentaba a las masas hambrientas las 24 horas.
Muchos ganaron dinero vendiendo camisetas que decÃan "La Flotilla de la Libertad -- de Cuba a Cayo Hueso''.
Pero Cayo Hueso también sufrió económicamente. El gobierno federal confiscó numerosos barcos comerciales que participaron en la flotilla, entre ellos el de Harold Hewitt, suegro del actual alcalde de Cayo Hueso, Craig Cates.
"Fue una época de locura, el gobierno no sabÃa qué hacer y cambiaba las normas'', indicó Cates. "Fue un verdadero desastre''.
Dos meses después de comenzar el éxodo, el entonces alcalde Sonny McCoy firmó una resolución en apoyo a los dueños y capitanes de embarcaciones comerciales confiscadas.
Diane Covan, abogada de Cayo Hueso, le ganó una demanda al gobierno federal para devolver las embarcaciones a 19 propietarios y eliminar las multas impuestas. Mas de 1,000 embarcaciones comerciales fueron confiscadas porque el Servicio Guardacostas determinó que habÃan sido alquiladas.
La resolución pedÃa "lenidad al gobierno federal en la aplicación de penalidades en interés por el respeto a los derechos humanos''.
"El tribunal finalmente tomó la decisión correcta'', afirmó Covan, que todavÃa es abogada en Cayo Hueso.
El éxodo también afectó significativamente la naciente industria turÃstica de Cayo Hueso, especialmente después de que se corrió la voz de que muchos de los refugiados eran delincuentes.
Pero 30 años después, Tucker, que todavÃa vive en Cayo Hueso, comentó: "La mayorÃa de la gente respondió admirablemente a las serias necesidades humanas y a la realidad del momento''.



























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