Martin anticipó a El Nuevo Herald otra buena noticia con respecto a su obra. "Como esta puesta fue patrocinada por completo por la FWO, Darren decidió entonces usar el resto de los fondos donados para la grabación que se hará en unos dÃas con el mismo elenco, y se piensa que será lanzada al mercado para el otoño con la firma Albany''.
La cálida acogida que le dio la dirección de la FWO a Before Night Falls se multiplicó con el elenco y todos los participantes en el proceso de creación. Tanto el director escénico David Gately, que durante la función en más de una ocasión se emocionó hasta el sollozo, como todos los que participaron en el reparto se mostraron conmovidos durante la larga ovación final.
Wes Mason, que encarnó a Arenas, apenas podÃa contener el llanto. "El es mi héroe'', dijo con los ojos llenos de lágrimas. Un éxito mucho más rotundo y entusiasta que el que tuvieron las otras dos magnÃficas producciones de este Festival de Opera de la FWO: El elixir de amor, de Donizetti, y Don Giovanni, de Mozart.
¿Cómo es que esta historia ha impresionado de manera tan tremenda a un público aparentemente tan distante a la trama? Es que en realidad no hay distancia alguna. Martin, que es también el autor del libreto --sobre una primera adaptación de Dolores M. Koch--, ha sabido darle a la trágica historia de Arenas no sólo un hermoso marco musical, sino la trascendencia que la convierte en una historia humana más allá de toda delimitación polÃtica, étnica o de orientación sexual.
Before Night Falls conmueve a todo ser humano que se sienta solidario con aquéllos que en cualquier circunstancia luchan contra la injusticia, la opresión y la mentira. Uno de los leitmotivs de la obra es: "La verdad puede más que los tiranos, puede más que la oscuridad''.
Este gran éxito de la FWO ha contado con un verdadero equipo de entusiastas de la obra, y desde la escenografÃa de Riccardo Hernández --una hoja de papel que se despliega y paneles movibles sobre los que se van proyectando los fondos escénicos de playas, paredones, pancartas o Manhattan-- hasta la coreografÃa de John de los Santos con sus insinuantes ballets homoeróticos, pasando por los trajes de Claudia Stephens, las luces de Harry Fehner y los diseños para proyección de Peter Nigrini, todos trabajaron en esta creación de conjunto con un amor evidente.
Pero sin duda donde más se manifiesta ese amor de creadores es en el trabajo extraordinario de los cantantes que en ocasiones hasta tuvieron que improvisarse como bailarines.
Mason, el actor que encarnó a Reinaldo Arenas, realizó un trabajo de incorporación extraordinario. Pero el VÃctor de Seth Mease Carico no resultó menos convincente en su papel de interrogador retorcido. MagnÃfico el Pepe de Javier Abreu --a quien hemos aplaudido en Miami en El rapto en el Serrallo-- con todas sus ambigüedades y duplicidades, al igual que el emblemático Lázaro de Jonathan Blalock. Estupendo Jesús GarcÃa como el Ovidio en el que se sintetizan los destinos de distintos escritores que menciona Arenas en su obra y que el cantante supo dar con seguridad y empatÃa.
En una historia donde abundan los roles masculinos, Martin le da peso a dos sÃmbolos de Arenas, la Luna y el Mar. La primera, interpretada con belleza y elegancia por Cortney Ross, mientras que el Mar y la Madre quedaron a cargo de la talentosa Janice Hall.
Mención especial para los coros, a cargo de Stephen Dubberly y por supuesto, a la gran labor de la orquesta con Illick en el podio.
Fue una noche inolvidable para todos los asistentes, no sólo por el gran triunfo de una obra de arte que pronto será reconocida por los escenarios del mundo, sino porque esa noche era también un triunfo para Reinaldo Arenas y todos los que como él en algún lugar del mundo han sufrido la injusticia, la persecución, la cárcel. Una noche en la que finalmente triunfaba la verdad sobre la tiranÃa y la oscuridad.

























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