Montesinos había hecho un accidentado periplo de fuga por tierra, mar y aire después de escapar de su país en medio de un escándalo que lo comprometía en tráfico de armas para las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), sobornos, extorsiones y asesinatos.
Finalmente se escondió en Venezuela gracias a la ayuda de Guevara.
A mediados de diciembre, Otoniel Guevara, un primo segundo suyo, le pidió ayuda. Le dijo que por favor recibiera en su casa a un tal Manuel Rodríguez, un hombre que parecía una momia ambulante con su rostro cubierto de vendas.
El empresario Julio Ayala se presentó con el convaleciente personaje en la casa de Guevara en la urbanización Alamera. Guevara aceptó al extraño huésped y pronto se enteró de que se trataba de Montesinos, quien se había sometido a una cirugía para cambiarse el rostro y evitar que lo reconocieran.
Por un acuerdo en dólares cuyo monto nunca se precisó en el proceso legal en Miami, Guevara se convirtió durante siete meses en un enlace vital de Montesinos con el mundo exterior. La prioridad del ex asesor de inteligencia del presidente Alberto Fujimori era conseguir dinero y para ello su hombre clave era Guevara.
Montesinos le envió correos electrónicos a Percovich para que le transfiriera dinero, pero el banco de Miami se negó. Desesperado, escribió un correo electrónico al empleado del banco amenazándolo si insistía en negarse a hacer el giro cablegráfico.
Ante la negativa, decidió enviar de urgencia a Guevara a Estados Unidos.
Enterado de que Guevara venía en camino a Miami, Percovich avisó al FBI. La agencia montó la operación y arrestó a Guevara frente al restaurante Los Ranchos, de Bayside, después de haber hablado con el oficial del banco.
Escena en la oficina del FBI
Los agentes le informan a Guevara de la recompensa de $5 millones a quien entregue información sobre el paradero de Montesinos. El agente del FBI, Waldo Longa, hace más tentadora la oferta: si entrega al FBI la dirección de Montesinos en Caracas no sólo recibirá la recompensa sino que el gobierno de Estados Unidos le retirará los cargos criminales por las amenazas a Percovich.
El plan es coordinado desde Chile por Kevin Currier, agente especial del FBI, quien también supervisa las actividades de la agencia en Perú. Currier había recibido instrucciones del embajador de Estados Unidos en Lima de colaborar en la ubicación de Montesinos, a quien hasta meses antes del estallar el escándalo Washington consideraba como uno de sus más fieles aliados en la guerra contra las drogas.
Guevara aceptó. Delante de los asombrados agentes del FBI, hizo una llamada a Caracas, y le reportó personalmente a Montesinos los detalles de su reunión con el reticente empleado bancario.
El FBI se puso en contacto con las autoridades venezolanas que a su vez se pusieron de acuerdo con las peruanas y entregaron a Montesinos en la embajada del Perú en Caracas el 23 de junio, según el recuento de la corte.
Mientras esperaba en Miami el desarrollo de las operaciones, Guevara recibió otra llamada del agente Longa, quien le dijo que ha hablado con el ministro del Interior de Perú, Ketin Vidal Herrera. El ministro le aseguró al agente que podría ser beneficiado con la recompensa de los $5 millones.
El 25 de junio, cuando la entrega de Montesinos ya se ha cumplido, Guevara es liberado y los cargos criminales retirados.
Cuando semanas después hace el cobro de la recompensa, el gobierno peruano ya no parece tan entusiasmado en desembolsar el dinero. Argumenta que la cooperación del informante venezolano no fue fundamental para el arresto de Montesinos.
Luego, en la corte de Miami, Perú también alegó que los gobiernos están blindados contra demandas de este tipo por el principio de la inmunidad soberana.
El argumento no prosperó y la Corte de Apelaciones le dio la razón a Guevara, pero el gobierno peruano insistió con el tema de la jurisdicción y la semana pasada la corte revirtió su primera opinión y le puso fin a esta parte de la película.





























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