Cinco semanas después que Raúl Castro y representantes de la Iglesia Católica celebraron conversaciones sin precedentes sobre los prisioneros políticos, el resultado ha sido mejoras modestas, mucha esperanza y grandes polémicas.
Los críticos dicen que las mejoras han sido puramente cosméticas, que los abusos a los derechos humanos continúan y que Castro dialoga con la jerarquía católica sólo porque la Iglesia no tiene la fuerza necesaria para conseguir concesiones significativas.
Los partidarios dicen que esperan mejoras y alegan que Castro, de he hecho, ha reconocido a la Iglesia, la mayor organización no gubernamental del país, como una voz legítima en los asuntos cubanos.
Un académico izquierdista en México incluso advirtió la semana pasada que Castro está jugando con fuego, cediendo poder y espacio de maniobra a un Vaticano empeñado en derrocar el régimen comunista de La Habana, igual que sucedió en Polonia.
No cabe duda de que Castro, quien se reunió el 19 de mayo en La Habana con el cardenal Jaime Ortega y monseñor Dionisio García, presidente de la Conferencia de Obispos de Cuba y obispo de Santiago de Cuba, ha hecho algunos gestos positivos, aunque ninguno se ha mencionado en los medios de noticias de la isla, controlados por el gobierno.
Ariel Sigler Amaya, preso político postrado en una silla de ruedas, que cumplía una sentencia de 25 años, fue liberado; y Darsi Ferrer, un disidente encarcelado durante 11 meses, finalmente fue llevado a juicio y sentenciado al tiempo que llevaba preso.
Una decena de disidentes encarcelados fueron trasladados a prisiones cerca de sus lugares de origen y las Damas de Blanco han realizado sus marchas de protesta los domingos en La Habana sin el acoso de turbas progubernamentales.
Más aún, la Iglesia celebró la semana pasada varias discusiones de panel en que se hicieron exhortaciones a reformas en los sectores económico, social y político, así como libertad religiosa, en un país que expulsó a numerosos sacerdotes y monjas en los años 60 y que fue oficialmente ateo hasta 1991.
Los gestos fueron recibidos con la aprobación cautelosa del gobierno del presidente Barack Obama y la Unión Europea pospuso una votación sobre el levantamiento de sus condiciones a las relaciones con Cuba, con la esperanza de que Castro tome nuevas medidas para entonces.
Líderes religiosos dicen que esperan la liberación de más prisioneros, pero afirman que el diálogo con Castro es un "proceso'' y piden más tiempo.
"En cosas tan delicadas como estas, es bueno tener paciencia'', dijo a los reporteros Juan de Dios Hernández, arzobispo auxiliar de La Habana. "El término proceso' implica tiempo''.
Sin embargo, incluso los partidarios del diálogo dicen que los gestos de Castro se han producido con demasiada lentitud.
"Pienso que van a haber más excarcelaciones, pero parece que como aquí en Cuba todo está tan escaso, hasta para soltar a los presos lo hacen a cuentagotas'', dijo Laura Pollán, portavoz de las Damas de Blanco, familiares de 75 disidentes encarcelados en una ola represiva en el 2003.
"Pero también estoy convencida de que no serán todos porque son moneda de cambio'' para concesiones de Estados Unidos y la Unión Europea a Castro, declaró por teléfono Pollán a El Nuevo Herald desde La Habana. En Cuba hay aproximadamente 190 presos políticos.





























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