Eso sería una vergüenza para Obama porque el programa es la pieza central de su plan de ofrecer cobertura a toda la población.
"Hay una preocupación política sobre si las expectativas son exageradas y quizás no puedan cumplirse'', indicó Gail Wilensky, economista especializada en salud pública, quien dirigió el Medicare durante el gobierno del presidente George H.W. Bush.
Lanzar el nuevo programa en unos tres meses no ha sido fácil. La mayoría de los estados han optado por administrar sus propios planes, pero unos 20 han pedido a Washington que se encargue de la labor.
Otro factor que crea confusión es que la mayoría de los estados ya tienen sus propios programas de seguro para personas con problemas de salud, que cubren a unas 200,000 en total. Sin embargo, los planes estatales tienden a cobrar primas significativamente mayores que el nuevo plan federal y muchos ofrecen menos cobertura. Las personas no podrán cambiar de la cobertura estatal a la federal, a menos que estén dispuestas a pasarse seis meses sin seguro médico.
Las preocupaciones sobre el costo no financiado del programa ha llevado a que muchos estados adopten el programa, aunque Washington ha prometido cubrir todos los costos.
"Parte de la razón por la que esos 20 estados prefieren que Washington se encargue del plan es debido a preocupaciones de financiación'', aseguró Richard Cauchi, director del programa de salud de la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales. "Los presupuestos estatales están en pésimo estado''.
No está claro qué hará el gobierno federal si se agotan los fondos del programa.
"Una vez que hay una cifra significativa de personas en cada estado que pueden beneficiarse del nuevo programa, será difícil que un legislador diga que los fondos necesarios no se asignarán'', declaró Ron Pollack, director ejecutivo de Families USA, un grupo defensor de los servicios médicos.



























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