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Olga Guillot: el bolero pierde a su reina

 
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SU VOZ ronca y gutural, sus gestos abriendo 
exageradamente los ojos y frunciendo la 
boca, el uso de sus manos al cantar y su 
presencia sobre el escenario fueron 
inconfundibles y muy pronto en su carrera se 
consagró como la Reina del Bolero.
SU VOZ ronca y gutural, sus gestos abriendo exageradamente los ojos y frunciendo la boca, el uso de sus manos al cantar y su presencia sobre el escenario fueron inconfundibles y muy pronto en su carrera se consagró como la Reina del Bolero.
Gaston De Cardenas/El Nuevo Herald/MCT

aarias-polo@elnuevoherald.com

La muerte de la cantante cubana Olga Guillot, considerada la figura máxima del bolero por más de seis décadas, deja un vacío en el ambiente musical iberoamericano dificíl de llenar. Guillot falleció en el hospital Mount Sinai de Miami Beach el lunes a las 12:45 pm víctima de un infarto cardíaco. Tenía 87 años.

"Murió rodeada de su única hija Olga María [Touzet] y sus amigos más cercanos'', informó desde el centro hospitalario la vocera de la familia, Raquel Pouget. "Entró al hospital por su propio pie el sábado porque el viernes no se había sentido bien. Venía arreglada y maquillada por ella misma, tal como era su costumbre. Pero ese mismo día le repitió el infarto. La madrugada del domingo la indujeron al coma para poderle poner el respirador y hoy [lunes] apareció un coágulo devastador''.

Pouget recordó que hace apenas unos días, en una reunión familiar, Guillot expresó que entre los dolores que había pasado en su vida, el mayor había sido el de no ver a su país liberado. "Ella dijo: ‘si yo me muero mañana el dolor que me llevo en el alma es no ver a Cuba libre' '', evocó Pouget mientras ultimaba detalles de los servicios fúnebres que se darán a conocer en las próximas horas.

Olga Guillot nació el 9 de octubre de 1922 en Santiago de Cuba. Siendo pequeña se trasladó con su familia a La Habana donde, en 1938, debutó en el programa radial La corte suprema del Arte como parte del dúo Las hermanitas Guillot con su hermana mayor, Ana Luisa. Luego tomó clases de canto con la soprano Hortensia Cohalla y el cantante Mariano Meléndez.

En los años 40, la vocalista formó parte del cuarteto Siboney, dirigido por la compositora Isolina Carrillo y cuyo pianista, Facundo Rivero, le facilitó el debut como solista en el exclusivo Zombie Club, en 1945. Fue por esa época en que conoció a los jóvenes cultivadores del filing, movimiento que fundió la trova tradicional con el jazz y modernizó la interpretación de los cantantes.

En los años siguientes, tras el éxito de su versión al español de Stormy Weather, Guillot se situó en el mapa musical de la isla. Pero nadie duda que el bolero Miénteme, del mexicano Chamaco Domínguez, grabado en 1954 para el sello Puchito, la llevó a las alturas.

Más adelante, Guillot convertiría en éxitos aquellas melodías de la bohemia habanera como La gloria eres tú (José Antonio Méndez) Contigo en la distancia (César Porrtillo de la Luz) y En nosotros (Tania Castellanos).

"Olga era todo música, su vida giraba alrededor de la música. Era una intérprete fantástica'', dijo el humorista Guillermo Alvarez Guedes, quien guarda un recuerdo especial de cuando ambos trabajaron juntos con Beny Moré en el famoso cabaret Montmartre de La Habana, a mediados de los años 50. "Siempre fue muy cordial''.

En esos años la cantante no sólo era reconocida en su propio país, donde la Unión de Crónica Tele-Radial la proclamó La Mejor Voz Cancionera de Cuba. A su paso por Nueva York y Latinoamérica, se sumó el hecho de ser una de la cantantes consentidas de compositores como Juan Bruno Tarraza, José Sabre Marroquín y Alvaro Carrillo, entre otros.

"Olga tenía mucho sentido escénico. Sabía cómo poner de pie al público'', recordó el actor y periodista Evelio Taillacq, que señaló que la Guillot demostró que las intérpretes femeninas podían ser atractivas para el mercado de discográfico. "Con Miénteme, ella rompió el mito de que las mujeres no vendían discos. Ese fue uno de sus aportes más importantes''.

El Nuevo Herald

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