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Disidentes buscan adaptarse a la vida en libertad

 

Especial para El Nuevo Herald

Cuando el disidente cubano Ricardo González fue sacado de la cárcel y puesto en un vuelo rumbo a España, lo primero que le llamó la atención fue la comida en el avión.

"Lo que más me impresionó en el vuelo a Madrid fue que la comida estaba caliente'', dijo González, de 60 años, en declaraciones a El Nuevo Herald. "Hacía siete años y cuatro meses que no probaba comida caliente''.

Este fue uno de los muchos cambios que González y un grupo de otros presos políticos cubanos liberados han vivido desde el anuncio del gobierno, el 7 de julio, de que en los próximos meses liberaría a los 52 disidentes todavía presos tras la represión del 2003 que llevó a 75 opositores a la cárcel.

La decisión es el resultado de conversaciones entre la Iglesia Católica cubana y el gobierno español. La semana pasada, 11 presos fueron liberados tras estar de acuerdo en emigrar inmediatamente para España.

A cada uno de ellos se le informó de la oferta pocos días antes y la mayoría no pudo ver a sus familiares hasta que fueran llevados al aeropuerto de La Habana y escoltados juntos al avión.

A los disidentes se les dieron 395 euros, una camisa, una corbata, unos pantalones, desodorante, un equipo para afeitarse y un cepillo de dientes. Se les dijo que tendrían que pedir permiso si alguna vez quisieran regresar a la isla, aunque los familiares que vinieron con ellos pueden hacerlo más libremente.

"Sentimos una mezcla de tristeza y felicidad, porque dejamos atrás nuestra patria pero puedo ver a mi esposo de nuevo'', dijo Alida Viso, la esposa de González.

"Estamos muy contentos de estar libres y de estar en un país libre y de poder hablar libremente con la prensa, pero acabamos de llegar y el cambio es muy duro'', dijo Omar Ruiz, condenado a 18 años de cárcel, a El Nuevo Herald.

Ruiz, de 63 años, fue entrevistado en el vestíbulo de un hotel de una estrella en un barrio de trabajadores a las afueras de Madrid, donde las autoridades españolas han ubicado a los presos liberados.

Entre tantos cambios, los cubanos no sólo se estaban ajustando a su nueva libertad sino tratando de comprender la exacta naturaleza de su estatus legal en España. A Ruiz, como a los otros cubanos liberados en España, se le ha dicho que es, oficialmente, un inmigrante aunque él se ve a sí mismo como un refugiado.

"Yo me considero un exiliado político. No vine aquí por razones económicas, vine por razones políticas'', dijo.

Algunos, como Ruiz, esperan trasladarse a Estados Unidos, donde ya tienen familia, aunque todavía no está claro si será posible. Tras alguna confusión inicial, a los presos liberados se les dijo que serían reubicados en diferentes provincias de España, incluyendo Valencia y Málaga. Ruiz es uno de los muchos disidentes que creen que las autoridades españolas no les han dado suficiente información.

La Cruz Roja y la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) están organizando la ubicación de los cubanos así como ofreciendo asesoría de empleo, apoyo sicológico y atención médica.

Para algunos, la afectación física y mental de siete años de cárcel ha sido devastadora. Pablo Pacheco, un periodista de 40 años, estaba durmiendo con su hijo de cuatro años cuando agentes del gobierno lo despertaron, confiscaron su máquina de escribir y sus papeles y lo condenaron a 20 años de cárcel. En prisión ha sufrido de artritis y migrañas, y un problema en una rodilla empeoró debido a una operación fallida.

El Nuevo Herald

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