BOGOTA
``¡Llegaron los profes!'' es el grito de emoción con el que reciben los sábados a sus entrenadores alrededor de 400 niños de la Comuna 4 de Altos de Cazucá, en la ciudad de Soacha, al suroriente de Bogotá.
A los niños no les importa el madrugón, 7:30 de la mañana del sábado, tampoco que la cancha en que sueñan convertirse en las grandes estrellas del fútbol esté empolvada cuando hace sol o se vuelva un fangal cuando llueve, porque ese día y a esa hora comienza Tiempo de Juego.
Con ese nombre, estudiantes de comunicación social de la Universidad de la Sabana bautizaron un programa que busca que el tiempo de ocio de cientos de niños de esta paupérrima zona de Bogotá, se convierta en una actividad de transformación social.
Es una forma de hacerle una gambeta a la violencia que coquetea con los menores en los cerros de esta ciudad para convertirlos en actores incautos del conflicto.
``El fútbol ha sido un pretexto para que niños de entre 5 y 18 años aprendan valores propios de este deporte como el respeto, el trabajo en equipo, la victoria con humildad, la derrota con dignidad, la tolerancia, el respeto a las reglas del juego y la disciplina'', explica Andrés Wiesner, entrenador, creador y director de este programa que se convirtió en una fundación sin ánimo de lucro.
Son valores urgentes para una comuna que ha sufrido estragos de la violencia de todos los matices.
En los años setenta, la comuna estuvo bajo el control de frentes urbanos de la guerrilla nacionalista del M-19. Después fue escenario de las guerras entre pandillas que buscaban imponerse territorialmente. Desde 1993 recibió a miles de inmigrantes y a partir de 1998 se aceleró su crecimiento con la llegada de los desplazados por la violencia en zonas rurales, en especial en el 2002. De los aproximadamente 100 mil habitantes de la comuna, casi el 70 por ciento son desplazados.
Estos niños y niñas viven en una comunidad en la que el índice de desempleo es del 25 por ciento. El 75 restante trabaja en el sector informal y la deserción estudiantil es de 70 por ciento. Niños para quienes la comida no es una garantía diaria y en cuyas casas el hacinamiento es crítico.
El tiempo libre es un ocio inútil que convierte a la niñez y la juventud en una cantera para el reclutamiento de ejércitos privados de la guerrilla o el paramilitarismo. De allí los casos de embarazos a temprana edad y la prostitución.
Por su experiencia en armas y su actitud desmotivada frente a la vida, algunos de estos muchachos son considerados los reclutas perfectos para cualquier ejército irregular.
Johan, el capitán de la selección de mayores, tomó la opción del fútbol.
A sus 17 años fue contratado como entrenador de los más pequeños con una credencial que llena de orgullo a la fundación: el joven ya participó en un campeonato mundial de fútbol callejero en Paraguay.
``Siempre hay opciones, lo importante es que uno las busque'', comenta Johan.
Su novia dice que él se la pasa jugando fútbol, piensa en fútbol, habla de fútbol, respira fútbol.






























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