Los colombianos no son dados a citar a sus héroes. Al menos no como lo hacen los vecinos venezolanos en donde Simón Bolívar es el invitado ineludible, pobre Libertador que no descansa de casi todos los discursos, inauguraciones y conjuras. Nada que ver tampoco con la asiduidad con la que se evoca a George Washington en Estados Unidos o a Sandino en Nicaragua.
Buscando explicaciones entre los bogotanos a este olvido aparente de sus ancestros osados de la Independencia, me respondieron que no habían caído en la cuenta. Pero no hallé una explicación contundente al fenómeno, más allá de la improbable especulación de que a los colombianos no les interesa aprender de su historia.
Y no es porque falten los próceres. La fascinante vida de Antonio Nariño, el hombre que imprimía en las noches copias de los subversivos Derechos del Hombre para distribuirlas clandestinamente entre los criollos ilustrados por ejemplo, podría valer una que otra cita libertaria. A Francisco de Paula Santander, el cerebro jurídico de la independencia, también le salieron debiendo reminiscencias, quizás porque su gesta fue más intelectual que la guerrera de Bolívar.
En las pasadas elecciones, el hoy presidente electo Juan Manuel Santos no se cansó de citar la metáfora de los tres bueyes de Franklin D. Roosevelt para explicar la separación de los poderes y el candidato Antanas Mockus prefería citar pensadores franceses.
Pero la situación está cambiando este año. Con motivo de la celebración del Bicentenario de la Independencia, los colombianos están bajo una terapia de choque para desasnarse de su historia emancipadora.
En la televisión, la radio, la prensa e internet, el sector público y el privado, están bombardeando toda clase de productos audiovisuales que rescatan episodios del proceso revolucionario de independencia perdidos en la ignorancia o el olvido. Recomiendo en particular el sitio en la red del Ministerio de Educación.
Hoy, El Nuevo Herald se une a este proceso de celebración e ilustración del bicentenario con esta edición especial bajo el título de ``Libertad sublime'', una de las frases de himno nacional que sintetiza el fervor de un proceso de independencia al que le faltaba una década y muchos floreros rotos para consolidarse.
Gerardo Reyes
greyes@elnuevoherald.com






























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