Pero "la buena noticia es que exámenes realizados a peces del Golfo capturados en aguas abiertas mostraron que estaban en buen estado, lo que indica que en el futuro los peces estarían bien, aunque probablemente no haya tantos como antes si el petróleo mata los huevos, larvas y peces jóvenes'', consideró.
El mayor problema de contaminación a largo plazo, según Lepo, estará "en los bañados o pantanos costeros por el tipo de sedimentos naturales, que contienen'' pues "tienden a tener una concentración más alta de materiales oleofílicos'', que se unen a componentes del petróleo.
Además son un tipo de sedimentos que no favorecen la biodegradación del crudo, explicó el científico de la UWF.
Expertos de BP señalaron en los últimos días que el impacto sería "bastante menor'' en las costas y que los pantanos costeros, vitales en el sistema de reproducción de aves y peces, estarían recuperados para la primavera.
Pero Ortner rechazó tal argumentación: "Me sorprendería mucho si no hubiera alquitrán en los bañados que esté afectando negativamente la flora y la fauna en los próximos años''.
"En otros derrames, en los bañados hubo petróleo por años'', coincidió Hirshfield. Los expertos de BP han minimizado constantemente los impactos del desastre. Habrá petróleo que se disolverá y otra parte quedará allí'', señaló. Entre tres y 5,2 millones de barriles de crudo se vertieron al Golfo de México durante tres meses hasta que BP logró detener la fuga el 15 de julio.
El petróleo cubrió más de 1.000 km de costas y playas en los estados de Luisiana, Misisipi, Alabama y Florida, en el sureste estadounidense, y obligó a clausurar la pesca en más de un cuarto del Golfo de México, un paraíso de esta industria, donde se obtienen langostas, cangrejos, ostras y todo tipo de peces.
Sólo en Luisiana, el estado más afectado por la contaminación, la pesca generaba recursos anuales por 2.400 millones de dólares y proveía más de un tercio de la producción de ostras del país.



























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