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El cuadrilátero de los políticos

 

Los aficionados al boxeo deben estar pegados al televisor disfrutando los debates políticos de la Florida.

El excesivo intercambio de insultos, acusaciones y difamaciones entre algunos candidatos en los últimos días sin duda los ha hecho verse como púgiles en un cuadrilátero.

Si bien los ataques negativos de campaña son frecuentes en la democracia, los enfrentamientos entre los candidatos republicanos por la nominación al puesto de gobernador de la Florida, Bill McCollum y Rick Scott, y los demócratas Kendrick Meek y Jeff Greene por la nominación a un escaño del Senado federal, han sido más que desagradables, lo cual cuestiona sus respectivas capacidades de liderazgo.

Ese comportamiento le falta el respeto a los votantes y les quita la motivación de acudir a las urnas.

El electorado está interesado en conocer la visión de los candidatos sobre los problemas ciudadanos y sus planes para ayudar a las familias, no en verlos tirarse fango entre unos y otros. Pero en un debate esta semana, el multimillonario Greene y el representante estatal Meek parecían dos niños jugando al gato y al ratón, y no les dio vergüenza dar pataletas frente a la cámaras.

Las maniobras políticas que implican la humillación pública de un rival y los ataques personales que dejan en entredicho su lealtad a la patria, no deberían tener ninguna utilidad en el proceso electoral en una sociedad avanzada.

Desafortunadamente, los candidatos las emplean porque funcionan, y quién mejor para dar fe de su efectividad que McCollum, el procurador general de la Florida, que por primera vez se puso a la cabeza de la contienda republicana por la gobernación gracias al tono belicoso de sus incriminaciones contra su oponente, según una de las encuestas divulgadas esta semana. Scott ha hecho lo mismo. Ambos candidatos y grupos aliados han gastado más de $47 millones en comerciales combativos de televisión, más del doble que el presupuesto anual para los servicios sociales en el condado Miami-Dade.

Los dos políticos se han atacado a puño limpio. McCollum acusó a Scott de participar ‘‘en el fraude más grande de Medicare en la historia de Estados Unidos''. Scott acusó a McCollum de ser "la Tonya Harding de la política de la Florida'', aludiendo a la villana patinadora de hielo de los Juegos Olímpicos de 1994 que se confabuló para lesionar a su rival.

Ocuparía todo el periódico relatar el resto de las acusaciones que se han hecho los cuatro candidatos, pero no quisiera hacerles más promoción ni arruinarle a los lectores su domingo.

Si entre candidatos de un mismo partido político hay tanta saña, ¿qué nos espera para las elecciones de noviembre? ¿La Guerra de las Galaxias?

Los votantes frecuentemente nos preguntamos si los políticos se postulan para lograr un beneficio personal o para ayudar a sus comunidades.

La diferencia entre un político y un servidor público es en última instancia el sentido de responsabilidad universal. El hombre de Estado va más allá de la ideología, trata de sensibilizarse con aquellos menos afortunados y hallar soluciones que requieren la habilidad de encontrar puntos comunes con adversarios.

Pero, a juzgar por las contiendas actuales, lo único común son los guantes.

Existe una disyuntiva entre los expertos sobre las consecuencias de las campañas negativas en el electorado. Algunos estudios afirman que esta clase de campañas conducen a que más personas participen en las elecciones. Otras investigaciones concluyen lo contrario: las campañas desagradables tienden a deprimir a los votantes y menguar la participación electoral.

Pertenezco a la segunda escuela. Los residentes prefieren candidatos que se centren en debates inteligentes sobre los problemas comunitarios en lugar de campañas de mala calaña.

Tal vez la negatividad del mensaje lo que precisamente busca es reducir el número de votantes en vez de aumentar la cifra de simpatizantes. En la Florida, desalentar a los votantes es más fácil que convencerlos para que cambien de opinión sobre un candidato. No sé si en el boxeo sea diferente.

El Nuevo Herald

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