Lo conocen vestido y desnudo. Saben lo que dicen los tatuajes de su piel y repiten los nombres de sus amantes, Las Champañeras, como si fueran protagonistas de una telenovela de moda.
También dominan las marcas de sus lujosos automóviles y la ubicación de sus mansiones.
Se saben de memoria sus fugas y muertes, y entre ellos se corrigen si el que las relata se equivoca.
El presunto narcotraficante puertorriqueño José Figueroa Agosto, alias Junior Cápsula, arrestado en San Juan el mes pasado, es una obsesión nacional en República Dominicana.
En los últimos 10 años, el desafiante Figueroa, de 45, halló refugio seguro en este país para hacer negocios multimillonarios de drogas y darle rienda suelta a sus placeres en aventuras que la gente sigue con una morbosa lealtad.
Pese a estar preso en una celda de alta seguridad en San Juan, Figueroa ha sumado en estos días un nuevo capítulo a su leyenda: en las calles de Dominicana se están vendiendo clandestinamente videos que lo muestran en relaciones sexuales con varias mujeres, incluyendo la esposa de un coronel de la policía.
Frente a los desteñidos afiches de recompensa de $300,000 por su captura que todavía se ven en la ciudad, las charlas callejeras en torno a los videos pornográficos y las descripciones obscenas de sus atributos viriles han desplazado las discusiones de la posible reelección del presidente Leonel Fernández.
"Ese maldito estaba buenísimo. Los hombres tienen que verlo para que se aprendan a mover", escribió una dominicana en un chat de la red en el que se comentan los pormenores de una de las faenas sexuales de Figueroa.
Aparentemente, los videos que se comercializan en el mercado negro a $1.30 cada uno con títulos como Las Mujeres de Figueroa Agosto fueron tomados por el propio narcotraficante en cabañas de citas y hoy son evidencias del gobierno.
Las escenas se caracterizan porque Figueroa no deja de hablar de negocios y trivialidades con sus acompañantes mientras hace el amor.
Los videos de Figueroa fueron incautados en uno de sus apartamentos en
esta ciudad por la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD). En las actividades sexuales aparecen, entre otras, Madelín Bernard Peña, quien entonces era la esposa del coronel de la policía José Amado González González.
Se sospecha que González tenía vínculos personales con Figueroa y conocía ampliamente su organización. Eso pudo haberle costado la vida.
González fue asesinado el 24 de diciembre del 2009 cuando llegaba con su esposa a la torre Serena, del sector de Bella Vista en esta ciudad.
Mientras las películas se venden como pan caliente, la semana pasada se lanzó un libro de las aventuras de Figueroa en papel satinado.
El autor, Rafael Núñez, ex subdirector de la oficina de prensa de la Presidencia de la República hasta el 2000, plantea en su obra lo que se da por hecho en la calle: que Figueroa no hubiera podido pavonearse por todo el país durante tantos años, con varios documentos falsos de identidad, sin haber contado con la complicidad de las autoridades.
"Este puertorriqueño permeó instancias del Estado, lo que facilitó desarrollar con toda impunidad sus actividades mafiosas", afirmó Núñez.

























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