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Los propietarios: el ATM del Condado

 

Hace diez años, Vivian Rodríguez compró una casa en Kendall y adoptó dos niñas de Guatemala. Era soltera, trabajaba en un bufete de abogados y vendía boletos en un teatro. Justo antes de mudarse, a una de las niñas se le diagnosticó un problema de salud que requeriría fisioterapia durante dos años. Como la casa nueva quedaba lejos del hospital, tuvo que posponer la mudanza.

Al no habitarla, no podía calificar para la rebaja en los impuestos residenciales conocida como Homestead Exemption. Cuando finalmente se mudó dos años más tarde, el valor de la casa se había duplicado y no estaba protegida por la Enmienda 10 Save Our Homes, que le pone un tope de 3 por ciento al incremento anual. Sus impuestos se habían disparado a $7,000.

"Cuando apelé me dijeron que era ‘inconstitucional’ hacer retroactivo el valor de la casa al precio que tenía cuando la compré, porque debía ser tasada de acuerdo a su valor en el momento en que solicité la rebaja'', comentó Rodríguez, asistente legal de 57 años. "Yo esperaba que los impuestos bajaran este año, pero ahora han propuesto una tasa retroactiva ¿Esto no es inconstitucional? Me imagino que no es lo mismo lo que piensa el carnicero que lo que piensa la vaca''.

Como Rodríguez, decenas de miles de propietarios están furiosos con el Condado Miami-Dade y la Legislatura de la Florida porque en los últimos años han visto un aumento desmedido de los impuestos a la propiedad mientras que su poder adquisitivo se ha contraído.

La próxima semana, más personas se unirán a este grupo de ciudadanos descorazonados cuando abran los sobres con las facturas fiscales del 2010 y descubran que mientras su propiedad perdió valor en el mercado, el valor gravable no corresponde a esa cifra.

Muchos se preguntarán: ¿Cómo llegó el condado -- y los gobiernos municipales -- a esta cifra? ¿Si los impuestos subieron rápidamente durante el boom inmobiliario, no deberían bajar a la misma velocidad durante la debacle?

Esas y otras preguntas sin duda incentivarán una sublevación ciudadana de protestas y apelaciones, ya que los valores de las viviendas en las facturas son un espejismo, puesto que no se han tomado en cuenta las ventas de las propiedades en ejecución hipotecaria que dictan el precio y el valor en el mercado real.

"A los propietarios nos han convertido en el ATM del Condado'', indicó Hernán Santiesteban, de la organización Fair Property Tax For All. "Cada vez que necesitan recaudar más dinero el único recurso que tienen es nuestro bolsillo, que ya está virado al revés''.

Yolanda Sol, maestra de educación especial en el Sistema Escolar de Miami-Dade, es una de las que considera apelar el valor de su propiedad ante el Value Adjustment Board (VAB) del Condado de Miami-Dade, integrada por magistrados que son empleados de la parte opuesta a los residentes.

Poco después del huracán Andrew, estando casada, su ex esposo compró una casa a nombre de él en un reparto de West Kendall. Como residían allí, calificaron para las rebajas en los impuestos. En 1997, se divorciaron y ella le compró la propiedad, viéndose obligada a solicitar la rebaja nuevamente. Al año siguiente, sus impuestos subieron de $3,000 a $5,000 por un tecnicismo. Ahora paga el doble que su vecina, quien tiene la misma casa, adquirida el mismo año.

"Los impuestos devoran una parte importante de mi chequera'', afirmó Sol, de 47 años, quien tiene un segundo trabajo para mantener a duras penas su núcleo familiar. ‘‘No es justo que suban la tasa si ahora iban a bajar los impuestos''.

El Condado argumenta que aún cuando aumente la tasa del amillaramiento para mantener los ingresos nivelados, a la mayoría de los propietarios no les subirán los impuestos este año. El temor de muchos residentes, no obstante, es que una vez que el mercado se robustezca, al haberse establecido una nueva tasa, los impuestos se disparen por encima de lo que hemos venido pagando.

Cuando los costos de las propiedades estaban por las nubes durante la burbuja inmobiliaria, el Condado no disminuyó la tasa para mantener los ingresos al mismo nivel, sino que fundamentó las tasaciones en precios inflados.

"No tengo fe en el gobierno del condado'', enfatizó Rodríguez haciendo eco de un sentir popular, y preguntó: "¿Qué hicieron con el dinero que recaudaron cuando las casas se vendían como pan caliente y las propiedades costaban una fortuna?".

El Nuevo Herald

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