Una semana después de su arribo desde La Habana, Juan Juan Almeida García, hijo del comandante revolucionario Juan Almeida Bosque, dijo que está considerando la posibilidad de quedarse en Estados Unidos para vivir junto con su esposa e hija, ambas residentes en Miami.
"Estoy tratando de estar aquí legalmente y tener acceso a determinadas cosas. El problema no es si quiero regresar a Cuba, sino cuándo y cómo quiero regresar'', indicó Almeida en una entrevista a El Nuevo Herald.
Almeida abandonó La Habana el 26 de agosto con un permiso temporal de las autoridades. Su salida puso fin a un capítulo que se prolongó por siete años y en los que protagonizó toda clase de incidentes para llamar la atención de la nomenclatura castrista: desde protestas callejeras y ayunos forzados hasta un intento de salida ilegal y numerosas cartas escritas a los círculos más íntimos del poder, incluyendo varias peticiones al gobernante cubano Raúl Castro.
"Intenté pedir entrevistas, que no me las dio, intenté con su hija Mariela y su hijo Alejandro Castro'', comentó. "Pero ellos tienen una mentalidad de clan, así funcionan''.
El permiso de viaje se concretó tras la mediación del cardenal Jaime Ortega Alamino, Arzobispo de La Habana, quien se interesó "personalmente'' en el caso y solicitó una autorización de carácter humanitario debido al estado de salud de Almeida.
El abogado, de 44 años, sufre una enfermedad reumática degenerativa, llamada espondilitis anquilosante, que requiere tratamiento especializado. Desde comienzos de los años 90, fue atendido ambulatoriamente en el hospital Erasme de Bruselas, Bélgica, hasta que en el 2003 le cancelaron sorpresivamente la autorización.
"Fue una larga espera en la que me habían dejado en un limbo legal. Todo por un capricho presidencial, personal. Vivía prácticamente de milagro'', sostuvo Almeida.
Mimado desde sus primeros años de vida bajo la figura histórica de su padre, fallecido en septiembre del 2009, Almeida tuvo acceso a oportunidades y ventajas que la mayoría de los cubanos de a pie no tenían.
"Aunque siempre me relacioné con todo tipo de personas, no creo que mi vida tenga un antes y un después. Creo que fui cambiando paulatinamente, fue una metamorfosis'', dijo.
Graduado de Ciencias Penales en la Unión Soviética en los años 80, Almeida trabajó como especialista de mercado en la Unión Suchel, adscrita al Ministerio de la Industria Ligera. Años más tarde, entre 1998 y el 2003, se radicó en el balneario mexicano de Cancún, contratado por la empresa de servicios aeroportuarios SEAT con un salario de $700 mensuales, según explicó.
Su retorno a Cuba se produjo al calor de sospechas de tráfico de personas, desvío de fondos y contrabando de habanos durante su estancia en Cancún. Sin embargo, en Cuba nunca se comprobaron las acusaciones.
"No tengo nada que esconder'', anotó Almeida. "Fui a Cancún con un permiso de trabajo que me conseguí con relaciones muy personales. El gobierno [cubano] no estaba presente en ningún lugar y de hecho fui bastante criticado por ellos''.






























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