Luis Eladio Pérez dijo que nadie debe alegrarse de la muerte de otro, pero que no pudo evitar una sensación de "gran alivio'' cuando escuchó en Bogotá el jueves por la mañana que el hombre que le robó impunemente siete años de libertad había sido eliminado por el ejército.
"Fue la misma sensación que tuve cuando escuché de la muerte de [los narcotraficantes] Pablo Escobar y de Rodríguez Gacha'', comentó el ex congresista colombiano al referirse al abatimiento del segundo al mando de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Víctor Julio Suárez, o Jorge Briceño, alias Mono Jojoy.
"El siempre representó el ala dura de las FARC, era su jefe militar, sabíamos perfectamente que las órdenes más duras que sorportamos en el secuestro como el tema de las cadenas, la orden de disparar si se producía un intento de rescate eran de él'', agregó Pérez en una conversación telefónica desde Bogotá.
Pérez, quien fue secuestrado el 10 de junio del 2001 y liberado el 27 de febrero del 2008, pasó algunos meses de cuativerio junto a la candidata presidencial Ingrid Betancourt.
Fue testigo, según comentó, de la gran admiración que los combatientes de base sentían por Suárez, no así por otros cabecillas de la organización.
"Nunca escuché una mala apreciación de un guerrillero hacia Jojoy como sí escuchaba hacia la gente del área política como Alfonso Cano, Iván Márquez y Simón Trinidad'', explicó Pérez, autor del libro Siete años secuestrado por las FARC.
Pérez considera que el golpe moral a la tropa por el fallecimiento de su líder va a ser devastador''.
"Va a producirse el desgranamiento de la tropa, como ocurrió cuando cayó Raúl Reyes, sobre todo de mandos medios que son los que tienen el control del dinero'', señaló el ex congresista.
Según Pérez, los mandos medios son muy importantes para las finanzas de las FARC dado que tienen bajo su responsabilidad los negocios del narcotráfico.
Pérez recordó su primer y único encuentro con Suárez, cuando éste visitó el campamento de secuestrados que compartía con Betancourt y su asistente Clara Rojas.
Suárez se acercó y les preguntó a los secuestrados qué elementos de primer necesidad les hacían falta.
"Fue una escena macondiana: ellas pedían cremas bloqueadoras para el sol y antiarrugas y yo pedía una cuchara porque llevaba varios años comiendo con los dedos'', recordó Pérez.
A los pocos días, recibieron los implementos, pero Suárez incumplió la promesa de que volvería para hablar del futuro de sus prisioneros.
En el libro, Pérez describe dos intentos de suicidio; un infarto que sufrió en medio de la selva, las largas caminatas con cadenas al cuello y los años en los que terminó hablando con los árboles porque le prohibían comunicarse con los guerrilleros que lo custodiaban.




























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