Es difícil creer que en este siglo y en este país desarrollado una racha de suicidios destruya la vida de adolescentes hostigados implacablemente por su orientación sexual o identidad de género.
Varios jóvenes han tenido que morir para sacar a la luz pública nacional las devastadoras consecuencias mentales y sociales del acoso a los gays no sólo en las escuelas y universidades, y ahora en el mundo cibernético.
Es como si el Talibán estuviera a cargo de las normas de nuestra sociedad.
Seth Walsh, de 13 años, se ahorcó en el patio de su casa. Asher Brown, de 13 años, se mató de un balazo después de salir del clóset. Billy Lucas, de 15 años, se estranguló el mismo día que un grupo de alumnos lo atormentó. Tyler Clementi, de 18 años, saltó de un puente porque su compañero de habitación lo había grabado en una relación íntima y publicó las imágenes a la internet. Raymond Chase, de 19 años, se ahorcó en el dormitorio de la universidad. Y hay más.
Christopher Alvarez, alumno del Broward Community College y graduado de la secundaria Northeast en Oakland Park, comprende cómo se sintieron estas jóvenes víctimas antes de arrancarse la vida. Sólo le hace falta mirarse en el espejo y recordar su pasado reciente.
"Suicidarme siempre me pareció la vía fácil para deshacerme del problema' '', confesó Alvarez, de 20 años, quien es gay abiertamente. "Cuando uno siente que está completamente solo y las demás personas te dicen cosas insultantes, comienzas a creer que eres lo que dicen''.
La primera vez que sintió deseos de poner fin a su existencia fue a los 10 años, cuando estaba en la primaria West Hollywood, en Broward. No tenía amigos y nadie quería sentarse a su lado; los compañeros se burlaban de él, los maestros no le prestaban atención y su madre tenía problemas de drogas.
Los años de secundaria fueron peores porque para entonces había salido del clóset. Los muchachos lo molestaban porque supuestamente los miraba con lascivia. Una vez un joven lo empujó contra la pared en el baño del gimnasio y lo agredió, sujetándolo por los hombros.
"Sentí como si me fueran a violar'', recordó. "Estaba convencido de que yo era una persona de segunda clase''.
En onceno grado una maestra de Inglés lesbiana intervino y le hizo comprender que era un ser humano hermoso, como cualquier otro. Pronto se integró a un grupo de jóvenes gay auspiciado por SunServe en Fort Lauderdale. El plan de suicidio finalmente se esfumó.
Aunque los distritos escolares del sur de la Florida tienen normas contra el acoso que están entre las más estrictas del estado, el hostigamiento contra los estudiantes lesbianas, gays, bisexuales y transgénero (LGBT) es todavía una epidemia seria.
Las normas no han sido suficientes para detener a los abusadores. Los adultos que trabajan en las escuelas son la clave para cambiar la actitud de los estudiantes y deben tener una posición firme contra el acoso o la intimidación de los estudiantes gay cada vez que lo presencien.
"Tenemos que enfrentar la cultura que a menudo trata el acoso contra los gays como algo socialmente aceptable'', afirmó Stratton Pollitzer, subdirector de Equality Florida, la mayor organización de derechos civiles gay del estado. "Mañana por la mañana miles de estudiantes en la Florida van a despertar temiendo ir a la escuela porque saben que los hostigadores los estarán esperando''.
Un sondeo pionero del Gay, Lesbian and Straight Education Network (GLSEN) en el 2009, que documenta la experiencia de 7,261 estudiantes LGBT en 50 estados, concluyó que a casi nueve de cada 10 los acosaron el año anterior y dos terceras partes se habían sentido inseguros debido a su orientación sexual.
El estudio también comprobó los efectos negativos de un ambiente hostil para los alumnos LGBT en su rendimiento académico y aspiraciones educativas. Y reveló que los niveles altos de victimización estaban relacionados con niveles más altos de depresión, ansiedad y baja autoestima, tres males que succionan el alma de los acosados y que, en casos extremos, conducen al suicidio.
Otro estudio del 2007, elaborado por Safe Schools South Florida, Yes Institute y Equality Florida entre 263 jóvenes de Miami Dade, principalmente de las escuelas públicas, descubrió que 46 por ciento habían pensado en el suicidio y 23 por ciento lo habían intentado.
Los últimos suicidios no son incidentes aislados ni problemas de un lugar en particular. Si no prestamos atención al asunto pudieran suceder en nuestro propio patio.
No voy a pregonar soluciones. Las personas de buena voluntad saben lo que hace falta. Tenemos que elevar nuestras voces contra la intolerancia en todas sus manifestaciones y tomar medidas en nuestras comunidades contra el acoso escolar.
El hostigamiento a los gays es muy doloroso y traumático para los jóvenes. Hasta puede matarlos. Christopher Alvarez lo ha vivido en carne propia. También yo.



























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