En apariencia, Teddy Pierce lo tiene todo: una buena esposa, hijos, muchos amigos y un buen trabajo en una agencia de publicidad. Hasta que un buen día se cruza en la calle con una mujer que viste un provocativo vestido de seda rojo. Desde ese instante, este hombre de mediana edad no puede dejar de soñar con tener un romance con la bella modelo.
Este es, a grandes rasgos, el argumento de "La mujer de rojo", uno de los filmes más famosos del director americano Gene Wilder, protagonizado por la atractiva Kelly LeBrock, y también recordado por la memorable banda sonora de Stevie Wonder, que mereciera el Oscar a la mejor canción original.
A tenor de una reciente investigación sobre la influencia de los colores en la seducción, a cargo de expertos de la Universidad de Rochester, en el estado de Nueva York (EE.UU.), quizá habría que plantearse realizar un "remake" de la exitosa comedia, aunque con un varón en el papel de protagonista atractivo e irresistible. Bien podría llamarse "El hombre de rojo".
Al parecer, las mujeres se sienten más atraídas cuando los hombres llevan en su indumentaria el rojo, que es considerado como el color del poder y del estatus social, según plantea un estudio de la universidad privada situada en el estado de Nueva York y considerada de las mejores de Estados Unidos.
Según el psicólogo Andrew Elliot, autor de la investigación y profesor de psicología de la Universidad de Rochester, las mujeres ven a los hombres de rojo como a personas que tienen un mayor estatus, con más posibilidades de ganar dinero y también con más probabilidades de subir por la escala social.
De acuerdo con los datos de este investigador, cuyo trabajo se ha publicado en la revista científica Journal of Experimental Psychology, es precisamente esta percepción o valoración femenina respecto del presunto elevado estatus social del hombre de rojo, es decir su mejor posición o consideración en la sociedad, lo que conduce a la mujer sentirse atraída por él.

























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