"La pareja trató mal a la muchacha y ella lloraba para regresar'', explicó Alix, quien ofreció la muchacha. "Le puede dar lo que quiera. Ella puede lavar y puede cocinar''.
Dos traficantes entrevistados por los reporteros dijeron que cobraban un promedio de $80 por entregar el niño en cualquier ciudad. El precio incluye el soborno de los funcionarios de ambos países.
"Yo pago entre 300 y 400 pesos [$8-$11] en cada puesto de control'', dijo un traficante que no quiso ser identificado por temor a ser arrestado.
Agregó que algunas veces se libra de pagar los sobornos por los niños gracias a un truco que utilizan muchos de sus colegas.
"Uno le pone uniforme escolar, y creen que es un niño que viene de la escuela'', explicó el buscón.
Un grupo de jóvenes intermediarios apostados en la ribera del río fue observado por los reporteros cobrando y recibiendo el equivalente de $1 por cada persona que cruzaba.
Lo hacían abiertamente frente a miembros del Cuerpo Especializado de Seguridad Fronteriza Terrestre (CESFRONT).
Los jóvenes suspendieron su operación de cobro al darse cuenta de que los reporteros estaban tomando fotos y videos. Pero monitores de organizaciones no gubernamentales les dijeron a los reporteros que los intermediarios entregan luego el dinero a los guardias del CESFRONT.
A finales de agosto, reporteros de El Nuevo Herald y The Miami Herald presenciaron cuando dos haitianas, que habían cruzado hacia República Dominicana, entregaron dinero a guardias del CESFRONT a una cuadra del río. Los guardias habían perseguido y golpeado a las haitianas.
Cuando los reporteros confrontaron a uno de los guardias, éste respondió: Yo estaba tratando de cambiar un billete en monedas con ellas''.
Al preguntársele el nombre, echó a correr hacia el río.
Una de las haitianas comentó que los militares ya les habían pedido un soborno pero querían más''.
Los reporteros observaron que una vez sorteado el paso del río, los niños son escondidos en refugios en Dajabón. Uno de estos albergues es una casa situada a una cuadra de la ribera que además funciona como motel de citas sexuales.
"En la noche los gemidos de placer se confunden con los gritos de los niños'', comentó uno de los vecinos que pidió no ser identificado porque teme represalias. "Es muy triste no saber qué está pasando con esos niños, si están o no con sus papás''.
Después de medianoche, frente a la oscura calle de la casa, se estacionan, sin encender las luces, motocicletas y autobuses que van sacando poco a poco a los indocumentados. Algunas motocicletas llevan de dos a tres tres niños emparedados entre el chofer y un adulto.
Un reportero de El Nuevo Herald preguntó a la mujer que opera uno de los albergues en Dajabón si sabía que los niños que hospedaba eran indocumentados.
"Los acompañantes tienen pasaporte'', respondió la mujer, que se identificó como Pastora Rodríguez.
"¿Pero los niños lo tienen?", preguntó el reportero.
Rodríguez respondió que no sabía y se retiró.
De Dajabón los traficantes se dirigen hacia la carretera principal para tomar camino hacia Santiago de los Caballeros y Santo Domingo.
Uno de los buscones entrevistados explicó que envía en forma anticipada a un "correcaminos'' en motocicleta que soborna a los guardias en la carretera por una cantidad de $8 a $11. En cada puesto, el correcaminos extiende su mano al guardia con los billetes a manera de saludo.
El general Francisco José Gil, quien hasta agosto dirigía el CESFRONT, insistió en que sus guardias no son el problema y que los episodios de sobornos, a los que calificó de "travesuras'', son aislados.
A lo largo de la carretera entre Dajabón y Santiago de los Caballeros, el gobierno despliega los días de mercado binacional unos 12 puestos fijos y móviles de vigilancia con los que se pretende ejercer un mayor control sobre la inmigración ilegal.
Por los menos 20 adultos y niños indocumentados que ingresaron a República Dominicana pagando sobornos dijeron a reporteros de El Nuevo Herald que los guardias no los detuvieron ni exigieron los documentos de inmigración.
"Aquí, las autoridades de la oficialidad dominicana siempre son los que han permitido el flujo de migrantes, niños y adultos, mujeres y jóvenes ilegales. Lo han permitido y lo han querido'', dijo el padre Regino Martínez, director de Solidaridad Fronteriza en Dajabón. "Y el tráfico no se hace gratis. El tráfico es cobrando. Son corruptos''.





























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