Dicen que al que no quiere caldo le dan tres tazas. Si están cansados de elecciones y jaleos políticos, prepárense para más de lo mismo. Esta semana el grupo ciudadano liderado por el empresario Norman Braman entregó al secretario de la corte del condado decenas de miles de firmas en lo que constituye el primer paso hacia una elección para revocar al alcalde Carlos Álvarez.
Frente a las firmas el alcalde no da su brazo a torcer y me explicó que no piensa renunciar. Insiste Álvarez en que muchos lo están respaldando. Entre otros, el sindicato de policías y la plana mayor de la administración de los Marlins ya se han sumado al bando del alcalde con sus chequeras.
El presidente del sindicato de policías del condado John Rivera nos dice que esta apoyando a Álvarez porque es un profesional honorable y un hombre integro y porque este referéndum será muy divisivo para nuestra comunidad y nadie sabe lo que vendrá después. El sindicato de policías ha contribuido $50 mil al comité político establecido para defender al alcalde.
Por su parte, Braman nos dijo que está dispuesto a meterse la mano en el bolsillo cuantas veces sea necesario y repite la famosa frase del héroe naval de la guerra revolucionaria John Paul Jones, todavía no ha comenzado la pelea. Ambos campos, pues, prometen una batalla brutal.
Pero dejando la guerra a un lado, analicemos el proceso. La certificación de firmas para un revocatorio es mucho más difícil desde hace ahora algo más de un año cuando, a raíz del intento revocatorio contra la comisionada Natacha Seijas, la comisión adopto nuevas reglas. Por ejemplo antes se aceptaban 10 firmas por planilla, ahora solo una.
El secretario de la corte del condado Harvey Ruvin ahora tendrá 30 días para verificar las calificaciones de los que circularon y colectaron las firmas y luego un tiempo indefinido para validar cada una de las más de 100 mil firmas. En ese proceso será necesario cargar en 20 computadoras todas las firmas para compararlas individualmente con las que posee el departamento de elecciones. Primero hay que poner cada firma en una computadora, hacer seguro de que el firmante es un elector registrado en este condado y luego comparar cada firma con la que tiene en su poder el departamento de elecciones. Será una tarea titánica pero Ruvin me dice que está listo para asumir el reto y promete hacerlo lo más rápido posible de forma organizada, transparente y neutral.
Los abogados de todas las partes, pro supuesto, se frotan las manos. La batalla Carollo-Suárez por la certificación de las firmas años atrás, ¿recuerdan los expertos que cobraban miles de dólares la hora escrutando cada firma?, podría ser una cosa de niños comparado con lo que ahora Álvarez y sus rivales tienen preparado.
Si alguna vez logran, salir de la batalla de la certificación, hay otra pendiente: pelear en la corte la respuesta a la pregunta ¿qué es un revocatorio?
Puede parece una cosa absurda pero va a ser de vital importancia. El campo de Álvarez ha contratado el despacho de abogados de Rugow, indudablemente uno de los mejores especialistas en ley constitucional de la Florida. Su teoría parece ser que el revocatorio ocurrió meses atrás, cuando un grupo de ciudadanos trataron de recoger las firmas pero se quedaron cortos de las 50 mil que requiere la ley y por lo tanto el intento no llegó a ninguna parte. La ley dice que sólo puede haber un revocatorio en el plazo de un año. ¿Califica por tanto el fracasado revocatorio como revocatorio, valga la redundancia? Si fuera así las firmas ahora recogidas no servirían para nada y Braman tendría que comenzar de cero el próximo año.

























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