Estoy seguro de que muchos lectores visitarán a sus familiares en los días de fiesta, amor filial, celebraciones religiosas y reuniones familiares.
Seguro estoy también de que algunos quedarán sorprendidos, al llegar a sus países de origen, y observar cómo el tiempo transcurrido durante su ausencia ha cambiado el paisaje y las condiciones de vida. También sé que no faltará quienes consideren hasta comprar un pedazo de tierra donde construir una casa, por si deciden reubicarse nuevamente allí después de jubilados.
Es muy válido regresar a lo de uno, a los de uno, al sitio que guardamos celosamente adentro del corazón, volver a los lugares de la infancia, conversar con los viejos amigos, volver a escuchar misa en la iglesia parroquial, degustar golosinas ya olvidadas o no encontradas fácilmente en el eterno peregrinar por el mundo, en fin, retornar al origen de la vida guiados de la mano por la nostalgia que invade a quien se aleja. Pero el retorno puede resultar peligroso si no se anda con cuidado.
La venta de parcelas de tierra representa uno de los peligros potenciales que más acecha y más confronta a los visitantes, conjuntamente con el ofrecimiento de negocios infalibles y de poco riesgo. De los negocios es fácil escapar usando sólo un poco de lógica y raciocinio; pero de la compra de terrenos no es tan fácil sustraerse, puesto que existe una carga de emociones vinculada al hecho, aparte de que el cambio de moneda hace que todo luzca una bagatela, aunque esa no sea la realidad.
Lo primero que ha de hacerse, si le interesa comprar un terreno en cualquier país, es visitar el ayuntamiento del municipio en que esté ubicado el terreno y procurar copias de los planos de cartografía y catastro de la zona, para asegurarse que usted sí está comprando lo que le ofrecen. Seguidamente solicite la representación de un abogado o de un notario público que le ayude con el contrato de compra-venta y en la investigación y deslinde de la propiedad del terreno. Luego procure conocer toda restricción o enmienda local que pueda afectar sus planes futuros de construcción.
Un ejemplo interesante es el de un amigo dominicano que compró una parcela en su pueblo natal y construyó en ella una casa para su mamá y para sus hermanas, para luego de finalizada la obra tropezarse con la triste realidad de que había erigido el inmueble en un terreno que no le pertenecía, el cual tuvo que comprar luego a sobreprecio para no perder su inversión.
Conclusión: si decide comprar una parcela de tierra en cualquier país de nuestra América Latina lleve siempre presente que la asistencia de un abogado, de un notario público y de un corredor inmobiliario, pueden hacer la diferencia entre un buen y un mal negocio.
J. A. "Tony'' Ruano es autor del libroBienes raíces. Manual práctico de compra, venta y administración.


























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