La pianista cubana Zenaida Manfugás, conocida intérprete de música clásica, recibirá el miércoles un homenaje de la Fundación Apogeo en el Centro Cultural Cuba Ocho. Aunque al principio tuvo que vencer escollos sociales, cuando no se concebía que una mujer negra fuera pianista clásica, su vida ha estado dedicada a ese arte. Como ella misma dice: "Quieran o no quieran, yo pertenezco a la cultura cubana''.
Desde niña su destino sería dedicarse al piano, aunque declara que lee "como una fiera''.
"La cantidad de libros que le compro a [Juan Manuel] Salvat se los pago a plazos'', dijo pícaramente desde Elizabeth, Nueva Jersey, donde reside. "El me los fía, y a veces me los regala: entre la lectura y la música me quedo con la lectura''. Y comenta que sus autores preferidos son José Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno.
Nacida en Guantánamo, la familia se mudó a Baracoa, donde su padre, Amando González Veranés, fue nombrado juez municipal y su madre abrió una escuela de música afiliada al Conservatorio Orbón.
"No lo hice por amor al arte. A todos los niños les dan un pianito, pero a los cinco años mi madre me puso a estudiar piano'', contó Manfugás, rememorando a su madre Andrea Manfugás Crombet. Era una anticipada a la técnica moderna --nada de dos años de solfeo--, aprendíamos las notas cuando estábamos tocando; era una de las mejores pianistas de Cuba y una de las más elegantes. Decidí cuando me hice ciudadana americana, adoptar el apellido de mi mamá y honrarla. No fue nunca a un concierto mío [y nunca tocó públicamente]''. A los siete años ya Manfugás tocaba Misa de la Coronación'', de Mozart, y el "Primer Concierto'', de Beethoven, una niña prodigio.
Pero no debutó en La Habana hasta 1949, en el Anfiteatro de la Avenida del Puerto, y con la Banda Municipal, que dirigía el maestro Gonzalo Roig, tocando el Concierto en La Menor'' de Edvard Grieg.
"Siempre estaba dando conciertos en el Anfiteatro de la Avenida del Puerto, entre los vendedores de maní'', comenta con ironía. Esperó tres años por una beca para estudiar en España.
"Había dos personas que me defendían, [el periodista] Agustín Tamargo, quien llamó la atención del rector del Colegio de Belén, el padre José Rubino, para que me dieran la beca en España'', contó Manfugás. Entonces Roig la invitó a dar un concierto en la Plaza de la Catedral, donde colocó 100 sillas. "Un momento antes del concierto le dije: Pero maestro, ¿quién calla a esta chusma?'. Ay, mi hijita, no te preocupes, tú sales y tocas' ''.
"Cuando puse la mano en el piano --una negrita que pesaba 101 libras--, era como si hubiera hipnotizado a toda aquella gente con Rapsody in Blue', de [George] Gershwin. Pero así y todo no me dieron conciertos [en el Auditórium de La Habana]''.
Se fue de Cuba en el 52 y se matriculó en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Cuando regresó finalmente iba a poder tocar en el Auditórium. Era el año 58.






























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