La historia del estafador internacional comenzaron a 35,000 pies de altura, en un pequeño avión que transportaba flores hacia el Aeropuerto Internacional de Miami.
Se le encontró inconsciente en la pista bajo el avión de Aerovías Arca. Había 80 grados a las 2:30 a.m. del 4 de junio de 1993, pero su piel oliva estaba congelada y tornándose azul.
Cuando funcionarios de inmigración lo entrevistaron en el Hospital Pan American, aseguró que era un huérfano colombiano de 13 años de edad quien se había escondido bien en las ruedas del avión de Aerovías Arca. ¿Su nombre?
"Guillermo Rosales''.
Esa fue la primera mentira.
Ahora se ha convertido en uno de los más conocidos ladrones de joyas del mundo, quien ha escapado de prisiones y ha confundido a detectives en al menos cinco países al usar una variedad de identidades robadas: estudiante de medicina en Irlanda; hijo de un diplomático colombiano; hombre de familia inglés; sacerdote de Nueva York; príncipe alemán y bahreiní rico.
Los atracos, sin embargo, eran sorprendentemente similares. En cada uno de ellos, se hacía pasar por un huésped de un hotel de cinco estrellas. Entonces engatusaba a un miembro del personal para obtener la llave de una habitación y la combinación para una caja de seguridad, Finalmente, se lo llevaba todo: tarjetas de crédito, joyería, efectivo, pasaportes. La policía estima que el total de sus botines asciende a $1 millón.
Juan Carlos Guzmán-Betancourt (como es conocido en la actualidad) ahora espera ser sentenciado en Brattleboro, Vermont, luego de ser arrestado y admitir que cruzó ilegalmente hace un año la frontera entre EEUU y Canadá.
Pero hace 17 años en Miami, era un niño inusualmente alto que encantó al mundo con su dudosa proeza.
Entonces, una mujer rica en Texas le abrió una cuenta de banco y prometió que pagaría su educación en el college. Los extraños lo abrazaban cuando se lo encontraban en su restaurante favorito, McDonald's. La florista Bertha Sotoaguilar y su esposo de ese entonces, Jairo Lozano, un policía de la Ciudad de Miami, lo aceptaron como un miembro de su familia.
Sotoaguilar, que tiene ahora 52 años, sacude su cabeza cuando piensa en "Guille''. Sabe que su viaje se echó a perder en el Sur de la Florida, cuando desarrolló por primera vez un gusto por lo fastuoso.
"Le gustaba toda la atención que recibió aquí, todos los regalos que la gente le daba'', relató Sotoaguilar, quien ahora trabaja como investigadora de la Ciudad de Miami.
¿Puedo llamarla mamá? recuerda ella que él le preguntó. Por supuesto.
Una semana después de que llegara a la casa, la hermana de Sotoaguilar obtuvo acceso gratis al hotel Fontainebleau por un día para la familia.
"Me siento como un millonario'', comentó mientras recorría el lujoso hotel. "No quiero regresar nunca a Colombia''.
Guille anduvo solo por un rato. De regreso a casa, Sotoaguilar notó una cadena de oro alrededor de su cuello. También tenía $200 en su bolsillo. Habló de cuán agradables eran las suites.
¿Cómo entraste? Recuerda Aguilar que le preguntó.





























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