Una historia llena de amor

 
 

YUNIER COLON durante una sesión de entrenamiento para cumplir su sueño de jugar en Grandes Ligas.
YUNIER COLON durante una sesión de entrenamiento para cumplir su sueño de jugar en Grandes Ligas.
HECTOR GABINO / El Nuevo Herald

lrangel@ miamiherald.com

Por amor Yunier Colón Cremé abandonó la pelota y también por amor regresó a ella.

"Me alejé un poco del béisbol. Me enamoré de una muchacha y estuve fuera por un año. Pero ella misma me ayudó a que regresara. Me apoyó y estoy acá ahora con ganas de cumplir mi sueño'', relató Colón.

Ese acá quiere decir Miami, con el significado que implica para los peloteros cubanos salir de la isla para jugar en las Grandes Ligas.

Colón por ahora tiene enfrente los obstáculos de cualquier compatriota suyo, buscar el desbloqueo -el permiso de la oficina del tesoro del gobierno estadounidense- y luego convertirse en agente libre.

El resto, sobre todo la inexperiencia en la pelota profesional, es fácilmente superables según él.

"No tuve realmente quién me enseñara a jugar pelota, pero la llevo en la sangre. Nací para esto. Vivía a dos cuadras del estadio [en Guantánamo]. Sé que puedo lanzar en cualquier liga'', apuntó el derecho quien aseveró tener un repertorio de cuatro envíos -incluyendo una recta de 92 a 94 millas.

El nombre de Colón quizás suene poco dentro de los aficionados cubanos que viven fuera de la isla, pero el serpentinero de 26 años espera que pronto sea descubierto tal como sucedió en su último paso por la Serie Nacional de su país, en la temporada 2009-2010 cuando surgió de la nada para ganar 10 partidos y dejar efectividad de 3.47 con Guantánamo.

Su labor resultó fundamental para que su equipo Guantánamo, uno de los menos fuertes en el béisbol antillano, se ganara un puesto en los playoffs.

"Gracias a esa actuación fui llamado a la preselección nacional para el Mundial Universitario. Pero me salió la oportunidad de venirme y siempre pensando en mi mamá y mi hermana, en darles un mejor futuro, decidí aprovecharla'', sentenció Colón, quien recaló en México, en Cancún en donde estuvo ocho meses antes de llegar a Miami.

Atrás quedaron los días en que se cuestionó su decisión de abandonar la pelota para seguir los senderos del amor.

"Tenía unos 20 años y me puse a trabajar en las salinas de Caimanera cargando sacos de sal. Escuchaba los juegos de Guantánamo en la radio y me preguntaba qué hacía yo ahí trabajando en lugar de estar en el estadio'', evocó, pero el recuerdo de esa mujer, cuyo nombre prefiera guardar, todavía lo alienta a seguir adelante.

El derecho, que es representado por la agencia Miami Sports, ahora se concentra en su entrenamiento diario.

"Ojalá y pueda estar ya listo para el próximo spring training'', admitió. "Cuando uno hace las cosas impulsado por el amor, lo puede todo''.

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