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RINCON DEL RECUERDO

Clemente, un símbolo del pelotero latino

 

Su legado es imperecedero, no sólo por las proezas que realizó en el terreno de juego, también por la sencillez que le caracterizó y su excepcional calidad como ser humano

 

ROBERTO CLEMENTE conectando su imparable 3000 frente al lanzador Jon Matlack en partido del 30 de septiembre de 1972 entre Piratas de Pittsburgh y Mets de Nueva York.
ROBERTO CLEMENTE conectando su imparable 3000 frente al lanzador Jon Matlack en partido del 30 de septiembre de 1972 entre Piratas de Pittsburgh y Mets de Nueva York.
RAD / ASSOCIATED PRESS

Su obra se venera y su figura es respetada en el mundo. Su nombre adorna estadios, instalaciones deportivas, escuelas, hospitales y calles de Puerto Rico. Su valor trasciende las fronteras del béisbol.

Cuatro décadas después de su muerte, a Roberto Clemente se le recuerda de una manera sólo comparable a Jackie Robinson, el jugador que en 1947 rompió la barrera racial en Grandes Ligas.

Hoy, se cumple otro aniversario del fatídico accidente que el 31 de diciembre de 1972 cubrió de luto al deporte de las bolas y los strikes. Clemente murió en la costa norte de Puerto Rico cuando llevaba ayuda humanitaria para las víctimas de un terremoto que sacudió a Nicaragua.

La tragedia ocurrió sólo meses después de ingresar al selecto grupo de bateadores que han conectado 3,000 inparables. Su cuerpo nunca fue encontrado.

La meta de Roberto era reconstruir Managua y Masaya. Se envió ayuda en tres vuelos antes del 31 de diciembre y su viaje estaba asignado para el día 30, pero el piloto que debía llegar de Miami no lo hizo y se canceló para el 31. La carga incluía aparatos médicos, medicinas, alimentos y ropas. No importó los ruegos de su esposa para que no hiciera el viaje. Pudo más su deseo de servir al prójimo. Clemente sacrificó su vida para ayudar a las personas necesitadas.

“El Cometa de Carolina’’, como así le decían, sigue siendo el símbolo del pelotero latinoamericano.

Ganador de 12 premios “Guantes de Oro”, cuatro coronas de bateo, seleccionado el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional en 1966 y en la Serie Mundial de 1971, el puertorriqueño fue nombrado Atleta del Siglo XX en su país, y desde el 2002, las Grandes Ligas declararon un día para honrarlo nacionalmente.

Su legado es imperecedero, no sólo por las proezas realizadas en el campo de juego, también por la sencillez que le caracterizó y su calidad como ser humano.

Los Piratas, equipo para el que militó con su número 21 en 18 temporadas, lo recuerdan en su estadio donde se le dedica la pared del jardín derecho. En San Juan está el Coliseo que lleva su nombre.

Clemente es el único pelotero por el que la Asociación de Cronistas de Béisbol no esperó el mínimo de cinco años para ser elegible a Cooperstown, al recibir el honor tras su muerte.

En 1984, cuando se cumplió medio siglo del que hubiera sido su cumpleaños, la Oficina Postal de Estados Unidos le dedicó una estampilla alegórica, y en el 2002 recibió un homenaje póstumo en Washington con “La Medalla Presidencial de la Libertad‘’.

Clemente fue un luchador por la igualdad en una época con rezagos de discriminación. Al inicio de su carrera comió en restaurantes, viajó en ómnibus y se hospedó en hoteles para personas del color de su piel. La prensa norteamericana no resaltaba sus logros como lo merecía, a pesar de ser un jugador cercano a la perfección. En ocasiones, fue objeto de burla por su fuerte acento en español al hablar inglés.

Rehusó ser llamado Bobby, pues le gustaba Roberto. Y su pensamiento sobre este tema lo expresó con estas palabras: “Mi satisfacción proviene de ayudar a borrar opiniones gastadas acerca de los latinos y los afroamericanos‘’.

En su honor se creó el “Premio Roberto Clemente”, para reconocer a quienes se destacan en el deporte y en su ayuda a la comunidad.

Uno de sus sueños fue construir una Ciudad Deportiva para los niños y los jóvenes de Puerto Rico.

Esa obra es una realidad en la ciudad de Carolina y ese hermoso legado fue posible por el esfuerzo y la perseverancia de su esposa Vera, con la ayuda de sus tres hijos que llevan el mismo nombre.

El Nuevo Herald

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