Gerardo Reyes

EEUU crea unidad contra las bandas de Colombia

 

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Muchos de los subalternos que eran sicarios, jefes de seguridad y lugartenientes de los cabecillas del narcotráfico, se enriquecieron y adquieron tanto poder como sus ex jefes. Quintero, quien fue identificado como uno de los cabecillas de las Bacrims encausados en Estados Unidos --su caso está radicado desde el 2008 en la corte federal de Miami-- fue identificado en un organigrama del Departamento del Tesoro como un ex proveedor de drogas de Varela que lideraba una organización tanto de narcotráfico como de lavado de dinero.

El lavado se hacía presuntamente a través de empresas ganaderas y agroindustriales, una casa de cambio, firmas de productos alimenticios y una compañía de inversiones médicas y quirúrgicas, casi todos negocios con sede principal en la ciudad de de Cali.

Marín, alias "Beto Marín'', a quien se identifica como el testaferro de Varela y quien se quedó al mando de la organización del asesinado cabecillla del Cartel del Norte en Venezuela, fue extraditado desde ese país a Colombia el año pasado. Afronta cargos en el Distrito Sur de la Florida por una acusación abierta en el 2009.

A Alvarez, alias "Chepe'', se le señala como miembro de la banda de Los Paisas. Trabajó bajo las órdenes de Ramiro Vanoy, alias "Cuco'', narcotraficante extraditado a Estados Unidos.

De acuerdo con InSight's, un portal de internet que estudia el crimen organizado en América Latina y el Caribe, Alvarez es presuntamente el autor intelectual del secuestro de cuatro hijos de Vanoy en el 2008.

A diferencia de sus mentores de las AUC, los líderes de estas bandas emergentes no tienen ningún ideario político. Se conocen algunos casos en los que incluso han negociado con la guerrilla la compraventa de cocaína.

Los Rastrojos tiene nexos con el Cartel de Sinaloa, México, según InSight’s.

De acuerdo con la Policía Nacional de Colombia, las Bacrims son responsables de un poco menos de la mitad de los 15,400 asesinatos que se cometieron en Colombia el año pasado.

El avance de los grupos y sus desafiante acciones, llevaron al gobierno colombiano a convocar el fin de semana pasado a un Consejo Nacional de Seguridad que acordó una ofensiva más integral y que excluyó cualquier formula de negociación política.

La nueva estrategia incluye una mayor participación de las Fuerzas Militares.

El propio presidente Santos, quien ha escuchado las críticas contra su ministro de Defensa por la supuesta falta de acción, se encargó de anunciar este giro en su política de seguridad.

"Las Bacrim es un tema que requiere una acción integral y efectiva de todo el Estado colombiano (...) El país estaba en mora de ponerlo en marcha'', dijo Santos, al presentar la nueva estrategia.

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