Muchos años pasaron antes de que Marlene Alejandre-Triana pudiera admitir lo que ocurrió el 24 de febrero de 1996.
Ese día aviones de la Fuerza Aérea cubana derribaron en aguas internacionales dos avionetas de Hermanos al Rescate, matando a sus cuatro tripulantes. Los activistas trataban de socorrer a refugiados de la isla en alta mar.
Alejandre-Triana, entonces de 18 años, era la única hija de Armando Alejandre, Jr., uno de los tripulantes.
"Yo pensaba que estaba flotando en el mar en un pedazo de ala y me preocupé por los tiburones'', recordó Alejandre-Triana. "Nadie se imaginaba lo que había ocurrido''.
Además de Alejandre, de 45 años, las otras víctimas fueron Carlos Alberto Costa, de 29; Mario de la Peña, de 24; y Pablo Morales, de 29.
"Yo no pude decir que mi papá había muerto, no dije esa palabra por ocho o 10 años'', dijo Alejandre-Triana, quien lamenta que sus dos hijas pequeñas nunca conocerán a su abuelo. "Era mi mejor amigo. Mi padre''.
La tragedia marcó un hito en la historia del exilio cubano. También cambió el curso de las relaciones entre La Habana y Washington. Ese mismo día, el entonces presidente Bill Clinton se comprometió a firmar la Ley Helms-Burton, que sujeta el levantamiento del embargo a una decisión del Congreso.
Alejandre, Costa y De la Peña eran ciudadanos estadounidenses; Morales era un residente permanente. Sus familiares todavía se preguntan por qué Estados Unidos no respondió de manera más contundente contra Cuba. Afirman que no tendrán paz hasta que los más altos funcionarios del gobierno cubano, incluidos los hermanos Fidel y Raúl Castro, encaren un tribunal.
"Quisiéramos que esos criminales fueran traídos a la justicia'', dijo Mario de la Peña, padre. "Trabajamos, hacemos lo que podemos. Creemos que dentro del marco internacional debe de haber justicia, entre los países y dentro de los países. Pero, ¿olvidar? No se puede olvidar nunca. Estamos marcados por la muerte de un hijo, una muerte violenta y sin razón''.
En Port St. Lucie, la madre de Morales se consuela con una fe inagotable. Eva Barbas pasa los días llorando por el hijo que perdió y pidiéndole a Dios que no le permita morir sin ver a Cuba libre y democrática.
"A veces siento que la voz de mi hijo me dice: No me llore. Pa'lante. Sigue con fe, porque la fe mueve montañas'. Y estoy tranquila'', dijo Barbas. "Dios es el que va a hacer la justicia. El es el que va dar el último castigo a los hermanos Castro, y ya su hora está llegando''.
Los familiares de los tres ciudadanos ganaron un caso civil de millones de dólares contra el gobierno cubano. Con ese dinero han creado becas y han ayudado a hospitales y escuelas.
En su momento, el ataque provocó la repulsa mundial. El Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) condenó a Cuba. Aunque las autoridades de la isla han mantenido que las avionetas violaron su espacio aéreo, la Organización Internacional de Aviación Civil de la ONU declaró que el hecho ocurrió sobre aguas internacionales.
Un espía castrista que cumple cadena perpetua por conspirar para derribar las avionetas admitió recientemente que el ataque ocurrió fuera de las aguas territoriales cubanas.





























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