En 1973, la doctora Hilda Molina era estudiante de Medicina cuando vio por primera vez a Fidel Castro en un encuentro del ex gobernante cubano con líderes juveniles en la Universidad de La Habana. "¡Neurocirujana! ¿Con esas manitos y con tu pequeña estatura?", exclamó Castro cuando Molina le dijo en qué rama de la medicina planeaba especializarse.
Con su férrea voluntad, Molina (Camagüey, 1943) no sólo se convirtió en una eminente neurocirujana respetada por la comunidad científica internacional sino en una enemiga formidable de Castro. Ella ha denunciado, primero en la isla y luego desde su exilio en Argentina, el fallido sistema de salud cubano, uno de los caballos de batalla propagandísticos del gobierno castrista.
"Cuando miré a Castro a los ojos me dio mucho miedo porque me di cuenta de que estaba frente a una persona de gran inteligencia, pero de mirada vacía. Y un ser humano inteligente pero sin alma, sólo tiene una definición: monstruo'', afirmó Molina en entrevista y video con El Nuevo Herald en Buenos Aires, donde reside desde el 2009 luego de una espera de 15 años para que el gobierno cubano le permitiera salir de la isla y reunirse con su hijo y la familia de éste.
En el libro autobiográfico Mi verdad (Planeta, 2010), que decidió escribir para dejar claro que el sistema [cubano] es un triturador de seres humanos, tanto si lo sirves como si te le opones pacíficamente'', la neurocirujana cuenta los encuentros que sostuvo con Castro entre 1986 y 1994 cuando ella planeaba y dirigía el Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN). Durante esos ocho años fue testigo de los numerosos actos personalistas y erráticos del entonces gobernante, que lo mismo podía enviarle un ramo de flores y alabarla constantemente en público que mandar a sus ayudantes a que le advirtieran que no podría faltar a la recepción que él la había invitado.
"En una ocasión me preguntó si me gustaba el perfume, porque había notado que llevaba uno distinto a los anteriores. Entonces observé que era un individuo que estaba tratando de galantear, pero con timidez. Cuando le respondí que se trataba de Only, el perfume del [cantante] Julio Iglesias, empezó a caminar de un lado a otro y a decir que ése era un mercenario que hacía declaraciones contra Cuba'', contó Molina, que aunque siempre trató de mantener las conversaciones de Castro en el plano profesional, no pudo evitar las habladurías de los aduladores que competían por la atención del Comandante''.
Hay personas que creían que fui mujer de Castro, pero si así fuera lo diría con toda sinceridad'', aceptó la neurocirujana, que en las fiestas y reuniones de trabajo con Castro presenció tanto los lujos y privilegios de la cúpula dirigente como las humillaciones a que el ex gobernante sometía a sus subalternos.
Según cuenta Molina en Mi verdad, a Castro le gustaba citar a reuniones de despacho en una piscina climatizada donde colaboradores y funcionarios del Partido Comunista debían seguirle el paso mientras nadaba. Una de sus diversiones favoritas era convocar a esta piscina a José Ramón Machado Ventura, hoy segundo en jerarquía en el gobierno de Raúl Castro, para ver cómo se le dañaba el complicado peinado que el dirigente solía hacerse para esconder la calvicie.





























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