El conflicto de las maquinitas de juego se ha convertido en una trama tan complicada e intensa como las telenovelas mexicanas y ya cruza las fronteras municipales en el sur de la Florida.
El conflicto sobre las redadas a las máquinas de juego que proliferan en las esquinas y bares de muchas ciudades comenzó como una guerra entre el jefe de la policía de Miami, Miguel Expósito, y el alcalde la ciudad Tomás Regalado pero en pocos días se ha convertido en un fuego cruzado que enfrenta a varios alcaldes, legisladores, senadores y lobistas.
En el contexto de esta guerra, me quedé asombrada cuando esta misma semana escuché al comandante de la policía de Miami Alfredo Álvarez insultar públicamente al presidente del concejo de Hialeah Carlos Hernández y al representante estatal republicano Eddie González. Tú que quieres ser reyecito de Hialeah pero sólo eres es un imbécil dijo el comandante Álvarez al legislador González en las ondas radiales. Todo esto mientras el comandante Alvarez insinuaba que ciertos políticos de Hialeah tienen la mano en el bolsillo de los fabricantes o dueños de las dichosas maquinitas de juego.
Hernández y González quienes aspiran a la alcaldía de Hialeah cuando el alcalde Robaina se retire para dedicarse por completo a la elección de la alcaldía del condado, presentaron un frente unido ante los ataques del policía de Miami advirtiendo a Alvarez y Exposito que no se metan en los asuntos de Hialeah.
Por su parte el ex alcalde de Miami Joe Carollo se lanzó a la trifulca increpando a Hernández y acusando al concejal de estar en el bolsillo de Jesús Navarro, el principal empresario de las maquinitas de juego en Florida y según Carollo el jefe de los caballitos en el lucrativo negocio.
En medio de tanta bronca, el alcalde de Hialeah Julio Robaina tuvo que salir a la palestra para defender la actuación de la administración de su ciudad. Sí, estamos aplicando la ley. Se han confiscado más de 60 máquinas usadas ilegalmente y actualmente tenemos 16 investigaciones abiertas.
Como hay tanto ruido y tanta furia desatada, resulta difícil entender la guerra de las maquinitas y los motivos que empujan a sus protagonistas. Personalmente, sospecho que el negocio de las maquinitas es como el derrame de petróleo de BP en el Golfo, hay mucho más crudo bajo el agua del que se ve en la superficie. Y si me refiero al dinero.
El jefe Expósito nos dice que lo de las maquinitas es un tumbe de dineroy no dudo que sea así. En el juego el que siempre gana es el casino, o en este caso la maquinita y su dueño, pero en el país de las libertades individuales el primer derecho es decidir lo que cada uno quiere hacer con su dinero. Los jugadores empedernidos me parecen idiotas que se merecen su triste suerte pero en este gran país la libertad individual incluye también el derecho a ser un cretino. Por eso creo que los jugadores y el juego estarán siempre con nosotros, ya sea en el casino de los indios o en la bodega de la esquina. No creo que sea muy práctico poner un policía al lado de cada maquinita. Lo que sería justo es que los que ganan miles de dólares en este negocio paguen impuestos sobre sus ganancias como hacemos el resto de los mortales.

























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