Ha sido un largo adiós el de Carlos Álvarez y las últimas encuestas publicadas por este diario no auguran un final feliz. A sólo tres días de lo que parece será su noche triste, el alcalde que quería ser fuerte nos dice que se siente frustrado e impotente. Estoy sin un kilo, me contó Álvarez mientras se quejaba de que su mensaje en la recta final de su última y desesperada campaña se estrella contra una pared.
Yo llevo 35 años sirviendo a esta comunidad con integridad y honestidad, pero no creo que la gente entiende, me dice. Les han comido el cerebro piensan que hay dinero escondido. Le llama la atención particularmente la actitud en los comedores donde personas mayores reciben beneficios de cientos de miles de dólares del presupuesto aprobado por el condado. Aun allí me dicen que van a votar contra mi. Se están cortando las venas
El alcalde ya no pronuncia discursos pero si habla con la gente donde quiera que puede, algo que quizá debió haber hecho hace mucho tiempo. Días atrás le vi en la caminata anual de la Liga Contra el Cáncer, otra organización que recibe fondos del condado. En mi opinión, me pareció que veía a un dead man walking, a alguien caminando inexorablemente hacia la ejecución política.
Me contó también el alcalde que conversa hasta altas horas de la noche con su compañera Evelyn y que le pregunta qué podría haber hecho diferente. Aparentmente, ella no tiene respuesta. Pero lo importnate es que aparentmente un 67 por ciento de los votantes la tiene y planea votar contra Álvarez en este referendo que culmina el próximo martes.
Lo cierto es que el alcalde no ha podido responder a la pregunta clave que hace la campaña contra el alcvalde. Ellos dicen a la gente: ¨hay muchas razones para votar contra Carlos Álvarez, qué motivo tienes tu para votar a favor? Cuando acompañaba al alcalde, encontré una muchacha que llevaba una camiseta pidiendo el voto favorable al alcalde y la joven me respondió: ¨bueno, soy su sobrina.¨
Yo creo, como muchos, que Carlos Álvarez es una gran persona, un hombre muy decente, pero no ha sabido conectar con el electorado y explicar sus decisiones. Esa es la gran tragedia de todo este largo y penoso proceso. A los ojos del público es peor ser arrogante que corrupto.
Entretanto la némesis de Álvarez, el caprichoso multi-millonario metido a activista Norman Braman derrocha el encanto que refleja el éxito y recalca sus origines humildes que lo convierten en la personificación del sueño americano. Su madre, me cuenta Brama, llegó aquí a los 13 años y trabajó cosiendo en una factoría para traer el resto de su familia de Rumanía. Su padre era un barbero que nunca fue a la escuela.
Los que llevan la campaña de Álvarez decidieron que la forma de ganar era convirtiendo a Norman Braman en el malo de la película. La estrategia no ha funcionado. El 66 por ciento de los votantes encuestados considera que el multimillonario que ha costeado la campaña contra Álvarez es un hombre de principios que le ha dado voz a los votantes del condado.

























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