Desde que se emitió una orden prohibiendo comentarios públicos por parte de funcionarios de la ciudad de Miami el jefe de policía de la ciudad, Miguel Expósito, ha ocupado más cámara que el actor Charlie Sheen. Ciertamente no han hecho mucho caso a la orden de guardar silencio me comentó el jefe del sindicato de policías de Miami, Armando Aguilar, que considera que Expósito está abiertamente desafiando a la administración municipal.
Expósito ha lanzado una ofensiva mediática en compañía del comandante Alfredo Alvarez. Esta misma semana las cuitas de Expóosito aparecieron en la primera plana del New York Times, y en informativos de cadenas nacionales como MSNBC y CNN.
Ante la prensa local el jefe sigue hablando de las maquinitas de juego y su campaña contra la mafia del juego. La prensa nacional no parece preocupada por la maquinitas sino por la muerte de siete afro-americanos, uno de ellos un adolescente de 16 años, en acciones policiales.
Sobre este tema, Expósito se niega a hablar con la prensa, repite que los tiroteos siguen bajo investigación de la fiscalía estatal y de un comité ciudadano. Como si el asunto de las maquinitas no estuviera también bajo investigación y en pleno litigio judicial.
Lo cierto es que las cosas se complican para Expósito porque, entre otros detalles, la congresista federal Frederica Wilson ha pedido al Departamento de Justicia que abra una investigación para determinar las razones de tanta muerte en tan poco tiempo.
Se me ocurre que lo de las maquinitas debería Expósito dejarlo para otro día porque está en la corte y de allí saldrá la palabra final sobre si la incautación es legal o no. ¿Además, que importa una maquinita de juego o trescientas frente a una vida? Esta semana los familiares de las víctimas presentaron sus reclamos ante la Comisión de Miami y una vez más el comisionado del distrito donde ocurrieron los tiroteos ha vuelto a pedir la renuncia del jefe. Nada más ha ocurrido, como si el silencio fuera una respuesta adecuada a la muerte.
Mientras tanto, la investigación del departamento de policía encargada al ex agente del FBI Paul Philip continúa siendo una incógnita. Me recuerda la frase que tanto se escucha en los pasillo del Congreso en Washington donde dicen que si quieres que algo muera lo mejor es crear una comisión de investigación. Eso es lo que aparentemente hizo el administrador Tony Crapp ignorando que el zafarrancho de combate permanente que impera en la ciudad de Miami nos acerca cada día más a la categoría de república bananera.
¿Cuántos comisionados del condado quedarán al final del camino?
Ahora son doce pero como en la famosa novela de misterio de Agatha Christie todavía no se sabe cuántos de los doce comisionados de Miami Dade sobrevivirán al período de incertidumbre que abrió el referendo revocatorio. La verdad es que la trama de lo que ocurre en el edificio del downtown es más complicada que la de la novela. Se alzan voces que piden cambios verdaderos, sin que sepamos muy bien en que consisten, y en la comisión yo detecto el espíritu de Gian Tommaso de Lampedusa en el Gatopardo: hacer muchos cambios para que todo continúe igual.

























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