Sur de la Florida

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Sorprendente historia de joven inmigrante

Viaje en lancha desde Cuba acaba en gasolinera

 

msanchez@elnuevoherald.com

Era una de esas escenas que sólo pueden ocurrir en Miami.

Una joven pidió un teléfono prestado afuera de una gasolinera en La Pequeña Habana y llamó a la policía. ¿Su historia? Ella y otros nueve cubanos habían sido abandonados allí por los contrabandistas que los trajeron de Cuba apenas unas horas antes.

Yanet Gispert Consuegra, de 20 años, dijo que el grupo salió de Cuba en un barco de alta velocidad a la 1 a.m. del jueves. Había dos pilotos en el barco, que medía alrededor de 30 pies, comentó. Llegaron a Miami cerca de las 6 a.m. Gispert dijo que no conocía a los demás pasajeros: siete hombres y dos mujeres.

Gispert, oriunda de Guane, en la provincia occidental de Pinar del Río, dijo que no sabía dónde habían desembarcado. Una persona – no identificó si hombre o mujer – los esperaba en un auto y luego los llevó a una casa, donde se bañaron y cambiaron de ropa. Luego, fueron dejados en la gasolinera BP, en la esquina de la Avenida 37 y la Calle 16 del suroeste.

“Yo no sé nada, aquí nada más estoy en esta esquina”, afirmó Gispert, de Pinar del Río.

A las 12:30 p.m., llegó Jorge Guerra, un agente del Departamento de Policía de Miami, quien alertó a la Patrulla Fronteriza.

Víctor Colón, subjefe de la Patrulla Fronteriza en Miami, dijo que uno de sus agentes llevó a Gispert a un centro de procesamiento en Dania Beach. Allí se verificará su identidad y procesarán sus huellas dactilares. Generalmente, a los inmigrantes cubanos se les cita a una audiencia con un juez de inmigración y se les deja salir en libertad.

El anterior año fiscal, que terminó el 30 de septiembre, la Patrulla Fronteriza procesó a 409 refugiados cubanos que arribaron fuera de los aeropuertos y puertos del sur de la Florida. Del 1ro. de octubre al pasado lunes habían sido encontrados otros 343, según cifras del Departamento de Aduanas y Proteccion Fronteriza.

Colón dijo que investigarán quiénes son los contrabandistas que trajeron a Gispert.

“Nadie entra de contrabando solo y nadie es contrabandeado gratis”, dijo Colón. “Siempre hay más que se puede investigar”.

Gispert dijo que su padrastro pagó su pasaje en el barco, aunque no sabe cuánto ni a quién. Explicó que había contactado a algunos familiares en el área de Tampa, donde piensa establecerse.

“Vienen por mí, claro”, dijo Gispert desde la gasolinera. “Vamos a ver lo que pasa”.

Agregó que estaba aliviada de llegar a su destino.

“Estoy un poco cansada pero bien”, observó. “Salí porque no estaba de acuerdo con mi país, no me gustaba”.

El Nuevo Herald

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