El huracán Charley, el segundo gran huracán de la temporada del 2004, incomodó a los meteorólogos porque se intensificó con tanta rapidez, que pasó de la categoría 2 a la categoría 4 en menos de 12 horas.
“Lo que Charley nos enseñó es que las previsiones de buen historial no son suficientes.
Charley nos enseñó que el viento máximo no es suficiente para determinar el impacto, y que el cambio rápido en la intensidad es el factor más importante para el pronóstico”, dijo Frank Marks, director de la Administración Nacional del Océano y la Atmósfera, en un simposio especial de investigación de huracanes realizado en mayo en la Escuela de Ciencias Marinas y Atmosféricas de la Universidad de Miami, pocas semanas antes del inicio de la temporada de huracanes del 2011.
La rápida intensificación de Charley no fue nada.
Un huracán de Categoría 3 estalló en una gran masa de agua en la escuela después de la presentación de Marks y tardó apenas un minuto o dos para alcanzar una velocidad temible.
Pero este huracán fue controlado con sólo oprimir un botón de una pared, en una habitación abarrotada de equipos científicos cuando Brian Haus transformó las aguas tranquilas en aguas tormentosas dentro de un Tanque de Interacción de Agua Salada y Aire Marino (ASIST).
El tanque, largo y rectangular, puede simular un huracán con vientos equivalentes a 120 millas por hora en el agua salada en el tanque.
“Podemos estudiar los procesos que ocurren en la interfase aire-mar”, dijo Haus, profesor asociado de la división de física aplicada en la Escuela Rosenstiel de la UM. “Lo que es único acerca de este servicio es que podemos generar un huracán de categoría 3 y se pueden hacer estudios detallados del proceso, donde el aire se encuentra con el agua, y podemos aprender acerca de cómo se transmite el calor y cómo el movimiento de la superficie por la acción del viento son parámetros importantes que pueden entrar en los modelos de pronóstico de un huracán”.
Estos modelos de pronósticos han mejorado, dijo Marks. “Durante los dos y medio últimos años, hemos visto una aceleración”.
En la actualidad, el Centro Nacional de Huracanes puede pronosticar con un alcance de 48 horas, en comparación con el alcance de 24 horas de mediados de los años 70. “Ahora estamos pronosticando mejor para 48 horas que entonces para 24 horas”, dijo Bill Read, director del Centro Nacional de Huracanes.
Las supercomputadoras y los vuelos de observación de huracanes, que dejan caer sondas dentro de las tormentas para medir la presión atmosférica, la velocidad del viento y otros indicadores, han ayudado a mejorar los modelos. Estos adelantos tecnológicos han ayudado a los meteorólogos a dar al público pronósticos más avanzados sobre las tormentas pendientes y su curso.
“Queremos ampliar la confiabilidad de nuestros pronósticos a siete días, y queremos la misma habilidad que tenemos ahora a cinco días”, dijo Marks. “Aún faltan 10 años para eso, añadió. “Ahora el foco está en tomar los datos y hacer mejor uso de ellos, para mejorar los patrones del modelo”.




























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