La FIFA se encuentra en la obligación moral de llamar a nuevas elecciones para la sede del Mundial de fútbol del 2022.
Hay demasiados indicios sobre sobornos que inclinaron los votos a favor de Qatar en la designación de la sede en diciembre pasado. Es necesario demostrar con hechos que el ente rector del fútbol universal tiene el real compromiso de combatir de cuajo a la corrupción.
El miércoles, Joseph Blatter fue reelegido por cuarta vez como presidente de la FIFA, en uno de los momentos más oscuros del organismo afectado por gravísimas acusaciones de sobornos y otras perlas.
Pondremos nuevamente la nave de la FIFA en el sendero de las aguas transparentes, prometió Battler tras ser elegido con 186 votos de los 203 emitidos.
Su primera medida fue pedir el cambio de sistema de elección de las sedes de los mundiales y su propuesta fue aceptada de inmediato. En consecuencia, de ahora en adelante las 208 asociaciones que conforman la FIFA serán las encargadas de elegir las sedes, y no los 27 miembros del Comité Ejecutivo como era hasta ahora.
La elección de Qatar, que no tiene un solo estadio listo para el Mundial del 2022, fue tan inesperada que desató sospechas por todas partes. The Wall Street Journal aseguró que Julio Grondona había vendido sus votos a favor de Qatar.
Posteriormente, versiones periodísticas de Inglaterra afirmaron que el presidente de la Confederación Sudamericana, Nicolás Leoz; el de la CONCACAF, Jack Warner; y el de la Confederación Africana, Issa Hayatou, cayeron en las redes de los cataríes.
El enviado de la FIFA para las inspecciones de las sedes, Harold Mayne-Nichols dijo tras su visita a Qatar, que ese país sólo había hecho una exposición virtual porque no tenía nada listo.
El secretario general de la FIFA, Jerome Valcke, admitió que escribió un email en el que decía que Qatar compró el Mundial del 2022. Después Valcke explicó que no había querido ser tomado literalmente, sino de manera figurativa porque sólo quería referirse al gran poder económico de dicho país.
El presidente de la Federación Alemana de Fútbol, Theo Zwanziger, fue más allá y pidió la revisión de la victoria de Qatar en la votación de diciembre pasado. El argumento de Zwansiger se basa en las especulaciones y las alegaciones de corrupción.
Nadie ha repartido tanto dinero como el país asiático. Más de $200 millones a Barcelona por el logo en su camiseta, cifras millonarias a Zinedine Zidane y Pep Guardiola por su apoyo, sin mencionar los pagos que no trascienden.
Si la FIFA busca claridad y transparencia, nada ayudaría más que una nueva elección para el Mundial del 2022, que tiene un manto de oscuridad.


























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